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Una entrega sincera

Una entrega sincera

Una entrega sincera a Dios

La vida espiritual no se trata solamente de mantener prácticas religiosas. Más allá de asistir a una iglesia, participar en reuniones o conocer la Palabra de Dios, es necesario desarrollar una fe basada en la obediencia y en una entrega sincera al Señor Jesús.

La incredulidad puede afectar nuestra relación con Dios cuando escuchamos Su Palabra, pero no permitimos que produzca un cambio en nuestra vida. Creer verdaderamente implica reconocer aquello que necesita cambiar y tomar la decisión de vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

Por eso, la Biblia dice así: “Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos” (Santiago 1:22).

La fe es acción. No puede quedarse simplemente en escuchar.

Pero hay algo importante: no es una persona quien convence a otra de la necesidad de cambiar, sino el Espíritu Santo.

El papel del Espíritu Santo

El Espíritu Santo convence al ser humano de su pecado y lo lleva a reconocer la necesidad de un cambio de vida. Su acción nos ayuda a comprender que no basta con conocer lo correcto; es necesario estar dispuestos a obedecer.

La Biblia nos revela esto así: “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo. Pondré mi Espíritu en ustedes para que sigan mis decretos y se aseguren de obedecer mis ordenanzas” (Ezequiel 36:26-27).

Es el Espíritu Santo quien nos convence, renueva nuestro interior y nos guía a vivir conforme a Su Palabra.

Más que una práctica religiosa

Frecuentar una iglesia, tener un título religioso o entregar ofrendas no garantiza la Salvación del alma. Dios busca personas sinceras, dispuestas a obedecer Su Palabra y abandonar aquello que contradice Su voluntad.

La verdadera fe produce una transformación que comienza desde el interior y se refleja en la manera en que vivimos.

Una decisión personal

La entrega a Dios es una decisión individual. Cada persona necesita evaluar su propia vida espiritual y preguntarse si realmente está viviendo de acuerdo con aquello que dice creer.

Por eso, es necesario mantener una búsqueda constante por medio de la oración, la meditación en la Palabra de Dios y la obediencia a Sus enseñanzas.

La pregunta no es solamente si creemos en Dios, sino si nuestra vida demuestra que verdaderamente nos hemos entregado a Él.

“Poneos a prueba para ver si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5).