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Ser piedra de tropiezo

Ser piedra de tropiezo

Cuando se habla de una piedra de tropiezo, muchas veces pensamos en grandes escándalos o errores visibles. Sin embargo, también podemos convertirnos en una piedra de tropiezo cuando nuestra vida no refleja aquello que decimos creer.

Por eso, la Biblia dice así: “Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano” (Romanos 14:13).

Aquí, el apóstol Pablo les estaba enseñando a los creyentes que debían examinarse a sí mismos. A eso se refería con el “no nos juzguemos” los unos a los otros. Es decir, debemos concentrarnos en examinarnos a nosotros mismos, en quiénes somos delante de Dios y en nuestra conducta, que también afecta a los demás.

No se trata solo de que muchos de los que dicen creer den un mal testimonio, sino también de que, aunque creen, no hablan de Jesús o dejan de hablar de Él. No viven conforme a la fe en la que creen o actúan de una manera que contradice lo que está escrito.

Es decir, no es suficiente decir que pertenecemos al Reino de Dios. Tenemos que vivir una vida de Reino.

Es como la diferencia entre tener una residencia y tener ciudadanía. Una persona puede habitar temporalmente en un país, pero la ciudadanía implica pertenencia e identidad.

De la misma manera, Dios no busca solamente personas que frecuenten Su casa o conozcan Su Palabra. Él busca personas que vivan bajo Su gobierno.

Una fe que permanece

Apocalipsis 3:11 dice:

“Vengo pronto; retén lo que tienes, para que nadie tome tu corona”.

La corona representa la recompensa de quien permanece firme hasta el final.

Por eso, vencer los vicios, abandonar el pecado y permanecer firme en la fe no es algo que sucede solamente una vez. Es una decisión que debemos mantener constantemente.

Una persona que vive su fe de verdad busca permanecer en Dios todos los días. Es una vida entregada en el altar.

En la Biblia, el fuego del altar debía mantenerse encendido y no podía apagarse. Esto nos muestra la importancia de cuidar diariamente nuestra vida espiritual.

Por eso, debemos buscar a Dios diariamente, meditar en Su Palabra y mantener nuestra comunión con Él.

Esa es la vida de quien no solamente pertenece al Reino de Dios, sino que vive bajo el gobierno de Dios.