Noticias | - 11:19 am
A nadie le gusta estar equivocado. No estamos diciendo que los debates cordiales sean malos, pero muchas veces, en lugar de crear unión o entendimiento, terminan generando división. Por eso, en múltiples versículos de la Biblia se nos advierte que tengamos cuidado con lo que hablamos.
¿Pero por qué razón debemos tener cuidado?
Porque no todas las personas tienen la misma comunión con Dios. Es más, no todo diálogo humano está inspirado o motivado por Dios y la fe.
Por eso la Biblia dice: “No contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha y lleva a la ruina a los oyentes” (2 Timoteo 2:14).
Si hay algo que debemos recordar, es que, como seguidores de Jesús, nuestra misión principal es llevar la Palabra de Dios a todas las naciones, a los que están sufriendo y a quienes necesitan la salvación. No debemos desperdiciar tiempo ni palabras con personas que no están interesadas en conocer más de Él. La única batalla que debemos librar es contra el mal (satanás).
¿Qué le hacían los fariseos a Jesús?
“Entonces se fueron los fariseos y deliberaron entre sí cómo atraparle, sorprendiéndole en alguna palabra” (Mateo 22:15).
Los fariseos se acercaban a Jesús con las Escrituras o con algún tipo de trampa para tratar de hacerlo decir algo incorrecto y así poder condenarlo.
Entonces le enviaron sus discípulos junto con los herodianos, diciendo: “Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad… Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito pagar impuesto al César, o no?” (Mateo 22:15-17).
Los fariseos se acercaron a Jesús con una moneda y le preguntaron si era correcto pagar impuestos al César. No estaban buscando aprender, sino atraparlo con sus palabras. Si respondía que no, podrían acusarlo ante el gobierno romano; y si respondía que sí, intentarían desacreditarlo ante el pueblo.
Querían que Jesús tomara una posición que les permitiera acusarlo, ya fuera ante las autoridades romanas o ante el pueblo.
Pero, en Su sabiduría, Jesús respondió: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21).
¿Por qué Jesús respondió de esa manera?
Porque los fariseos estaban robando lo que le pertenecía a Dios. En muchas ocasiones usaban su posición religiosa para beneficiarse a sí mismos en lugar de servir al pueblo y honrar a Dios.
Sin embargo, hay un detalle muy importante: Jesús no los acusó ni los condenó por lo que hacían mal. Él no entró en argumentos ni en batallas de palabras; más bien, respondió con la sabiduría de las Escrituras. Usó ese momento para revelar y enseñar lo que era correcto.
Ahí también aprendemos de Su misericordia. Aunque Él sabía que la intención de ellos era condenarlo ante las autoridades romanas, aun así les dio una oportunidad para que reconocieran lo bueno.
Nuestra batalla es contra el mal y consiste en defender la fe con la sabiduría de la Palabra de Dios. Así como Jesús, no debemos entrar en batallas de palabras, sino compartir la Palabra y salvar almas.