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La Biblia nos enseña que toda la Palabra escrita en ella fue inspirada por Dios. Pero algo que aprendemos es que, cuando viene la inspiración, también viene la revelación. Y ahí está el detalle: si observamos bien, lo que cambia la vida de muchos es la Palabra de Dios.
La revelación ocurre cuando Dios nos muestra Su voluntad. Y cuando una persona decide responder a esa revelación, su vida comienza a cambiar.
Es por eso que la Biblia nos dice: “De continuo está mi alma en mi mano; mas no me he olvidado de tu ley” (Salmos 119:109).
¿Sabía que Dios nos creó con libre albedrío?
Si hay algo que Dios nos ha dado con claridad, es la capacidad de decidir libremente. Es decir, Dios no impone Su voluntad al ser humano; es una decisión personal.
Y es ahí donde surge un peligro bíblico: muchos deciden no reconocer la revelación que se les está dando, aquella que nos muestra que necesitamos la voluntad de Dios para nuestra vida.
Si hay una decisión que todos tenemos que tomar, es poner todo en las manos de Dios en lugar de confiar en las nuestras. Muchos, en este momento, viven guiados por sus propios sentimientos, sus propias decisiones y su propia voluntad.
Reflexione: ¿Cuáles han sido las consecuencias o los resultados de vivir según su propia voluntad?
Muchos están bajo una gran presión por querer madurar rápido, saber cómo ganar más dinero y poder formar una familia. Pero ahí está el problema: muchos aún no han descubierto que las cosas materiales no traen felicidad eterna.
Uno puede obtener todas las cosas que desea y, aun así, sentirse solo y sufrir. La Biblia nos enseña que, si no ponemos las cosas en las manos de Dios, existen males espirituales que pueden derrumbarnos.
Es decir, si no ponemos nuestras metas, nuestra familia, nuestro trabajo y todo lo que representa nuestra vida en las manos de Dios, quedamos expuestos al mal. Cuando estamos en la presencia de Dios y vivimos la fe, tenemos al Espíritu Santo y Su santa protección.
Pero cuando uno vive según su propia voluntad, a su manera y con su vida en sus propias manos, Dios no puede obrar ni hacer cambios en su vida.
¿Qué consecuencias puede sufrir una persona?
Una de ellas es la envidia, algo que existe en todas partes. Porque una persona puede ser objeto de envidia de muchas maneras. Hay quienes envidian su familia, su pareja, su estilo de vida o lo que ha logrado. Y esto puede suceder incluso cuando uno no tiene mucho.
Con el tiempo, esto nos afecta e incluso nos hace reaccionar de una manera que ni siquiera queremos. Es importante reflexionar y reconocer que tenemos necesidad de la revelación de Dios.
Lo que muchas veces impide que la revelación de Dios produzca un cambio es el orgullo. Como seres humanos, no nos gusta que nos digan qué hacer, y mucho menos cuando viene como una sugerencia. Podemos estar equivocados, pero a nuestros ojos nuestra manera de actuar puede parecer el único camino, aunque no sea el correcto.
No podemos permitir que nuestro ego nos impida reflexionar y reconocer lo que verdaderamente necesitamos. Dios tiene cosas más grandes para nosotros, pero tenemos que confiar en Él y ponerlo todo en Sus manos.