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Conflictos del Corazón

Conflictos del Corazón

¿Qué es lo que reina sobre su vida?

El corazón late al ritmo de nuestras emociones. Nos dice: «¡Hay que hacerlo! ¡Ahora es el momento! ¡Enséñales que no te dejas!». Son esos momentos en los que el corazón está gritando. Si el corazón fuera quien nos controlara, no tendríamos criterio para hacer las cosas. Solo actuaríamos porque “sentimos” que era lo correcto. Es ahí donde la mente entra en conflicto con el corazón, porque la mente sí sabe razonar y tiene conciencia de lo que es bueno y de lo que es malo. La mente tiene el poder de distinguir entre la emoción y lo que es correcto.

Uno tiene que aprender a ponerle un alto al corazón y decirle: «No es así como vamos a responder».

La Biblia nos dice así: «Más engañoso que todo es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?» (Jeremías 17:9).

El corazón es engañoso y, aunque podamos controlarlo, tenemos que reconocer que el ser humano es egoísta. Por eso, la Palabra también nos enseña: «Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia» (Proverbios 3:5).

Nuestra propia prudencia es aquello que nosotros pensamos que es bueno. Pero aquí el Señor nos está diciendo que también debemos tener cuidado con nuestra propia mente. Dios es la fuente de todo lo bueno.; por eso, la Biblia nos enseña que Él es la luz en nuestro camino. Eso significa que debemos depender completamente de Él antes de tomar cualquier decisión.

Es decir, sí tenemos que aprender a controlar el corazón, pero también a preguntarle primero a Dios: «¿Será que esto es correcto?».

Lo que muchas veces sucede con el corazón y la mente es que les damos energía o, mejor dicho, tiempo a cosas que no valen la pena o que no nos benefician. Nos enojamos con personas que tal vez ni siquiera tienen un lugar en nuestra vida diaria. O, a veces, dedicamos demasiado tiempo y sentimientos a alguien a quien solo estamos acostumbrados a ver, aunque sabemos, por sus frutos, que no nos quiere. Esas son las obras del corazón y de los pensamientos propios cuando están fuera de Dios.

El Señor solo desea lo mejor para nosotros, pero está en nosotros tomar la iniciativa de vivir y hacer las cosas conforme a Su Palabra (la Biblia).