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Todo aquel que cree

Todo aquel que cree

¿Cuál es el poder de creer?

Todos tenemos grandes sueños. Es más, muchas veces, cuando tenemos esos sueños, somos impulsivos al intentar alcanzarlos. Y cuando fallamos, muchos se dan por vencidos sin poder comenzar de nuevo. Pierden aquella inspiración que alguna vez sintieron.

¿Por qué sucede esto?

¿Será porque el plan no era bueno? ¿O porque hubo personas que se interpusieron en el camino? Tal vez uno se distrajo y ya no le puso el mismo empeño. Puede ser que a usted le haya pasado esto. Incluso puede ser que haya enfrentado todas estas dificultades y hasta peores.

Pero, más allá de estas dificultades, muchas veces lo que sucede es que uno no tiene una buena base. Y tal vez uno diga: “Pero yo planifiqué todo, incluso si fallaba”. Sí, se entiende, pero uno puede planificar cuanto quiera; eso no significa que vaya a saber cómo reaccionará en el momento.

¿Cuál es la base principal de todo? ¿Dónde debe comenzar uno?

Primero siempre está el alma; más que lo físico, lo más importante es el interior. Uno puede planificar todo lo que quiera, pero eso no significa que tenga la paz que necesita para hacerlo.

La Biblia nos dice así:

“Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor

será salvo;

porque en el monte Sión y en Jerusalén

habrá salvación,

como ha dicho el Señor,

y entre los sobrevivientes estarán los que el Señor llame” (Joel 2:32).

Más que todo lo físico, lo primero es la salvación. Si uno no la tiene, nunca está en paz. La salvación es lo que nos define y lo que no nos deja detenernos cuando fallamos. Pero algo que tenemos que entender de la salvación es que no es una emoción ni un sentimiento; es una experiencia.

¿Cómo puede obtenerla?

Cuando uno toma la decisión de no vivir según su propia voluntad, todo cambia. Muchos vivimos guiados por nuestros propios pensamientos y sentimientos; solo queremos vivir conforme a nuestra propia voluntad. Pero, para recibir la salvación, uno tiene que apartarse de eso y hacer lo que Dios quiere.

La salvación nos libera de todo lo que no es necesario, aunque por el momento no lo entendamos. Pero uno tiene que creer. No es como creer en un plan que uno hizo para sí mismo, porque muchas veces esos planes son solo suposiciones. Eso significa que hay dudas y que existe la posibilidad de fallar. La fe y el verdadero creer en lo que está escrito no funcionan así; no son una suposición. Cuando uno la pone en práctica de verdad y cree en lo que está escrito, será salvo y libre de todo. Porque las promesas que están escritas están disponibles para usted.

El poder de creer es lo que nos da la salvación y lo que nos ayuda a ser más que vencedores.

Dios nos bendiga a todos