Noticias | - 9:52 am
Todos, o al menos muchos, tenemos algún dolor que aún no hemos resuelto. Tal vez alguien le hizo daño, estuvo en una relación en la que hubo abuso, sus padres no eran cariñosos o no le prestaban atención. En fin, existen muchas razones para sentir dolor.
Sin embargo, cuando una persona está herida por su pasado o por experiencias traumáticas, esto se refleja en la manera en que trata a quienes la rodean. Estas reacciones no siempre son conscientes; muchas veces, la persona simplemente actúa de acuerdo con lo que siente en su interior.
Por ejemplo, muchas personas desean comenzar una relación, pero lo hacen aún heridas por la relación anterior. Tienen dificultades para confiar o poner de su parte para que la nueva relación crezca. Esto sucede porque todavía cargan con aquel sufrimiento.
Una persona herida puede tener muchos conflictos internos que, si no los resuelve, aumentan con el tiempo.
¿Cómo podemos evitar que aquella experiencia nos siga controlando?
Por eso, la Biblia nos enseña:
(Efesios 4:31-32).
«Perdonándoos unos a otros»: el perdón es una decisión personal que consiste en dejar de permitir que aquella experiencia continúe controlando sus emociones y su vida.
Cuando una persona logra dejar atrás el dolor por medio del perdón, puede confiar en que Dios cuidará de ella, independientemente de lo que otros hayan hecho.
La herida pudo haber sido profunda y haber sido causada por otras personas, pero, si uno continúa cargando con ese sufrimiento, no podrá avanzar. El perdón no borra lo sucedido ni convierte lo incorrecto en algo aceptable; libera a la persona del dominio de aquel dolor. Al perdonar, puede recuperar la esperanza, volver a creer en el amor y confiar en que Dios tiene días mejores para su vida.