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Las tres primeras copas

Las tres primeras copas

Y oí una gran voz que desde el templo decía a los siete ángeles: Id y derramad en la tierra las siete copas del furor de Dios. El primer ángel fue y derramó su copa en la tierra; y se produjo una llaga repugnante y maligna en los hombres que tenían la marca de la bestia y que adoraban su imagen. El segundo ángel derramó su copa en el mar, y se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser viviente que había en el mar.  El tercer ángel derramó su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre.  Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, el que eres, y el que eras, oh Santo, porque has juzgado estas cosas; pues ellos derramaron sangre de santos y profetas y tú les has dado a beber sangre; lo merecen. Y oí al altar, que decía: Sí, oh Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios. (Apocalipsis 16:1-7).

Los siete ángeles que llevaron las siete copas del furor de Dios reciben la orden de derramarlas sobre el mundo. Las copas son los juicios finales de Dios sobre los habitantes de la Tierra antes del juicio final delante del Gran Trono Blanco, el cual veremos en el capítulo 20.

Hay una semejanza entre los juicios de las copas y las plagas que fueron lanzadas sobre Egipto en la época de Moisés. Pero la diferencia aquí está en su intensidad. Por ejemplo, la palabra “gran” es repetida siete veces en este capítulo. La destrucción que Juan vio fue de inmensas proporciones. Además, contrario a lo que sucedió durante los juicios de los siete sellos y de las siete trompetas, cuando la destrucción fue limitada a partes de la Tierra y sus habitantes, los juicios de las copas no tendrán límites. Toda la Tierra y sus habitantes serán afectados, específicamente los que tienen la marca de la bestia y adoran su imagen.

Las tres primeras copas son derramadas en sucesión y alcanzan directamente a los que adoraban a la bestia y tenían su marca. Comenzarán a surgir heridas en el cuerpo de las personas, lo que sugiere algún tipo de epidemia o virus que se esparcirá rápidamente por todo el mundo. Recuerde que la salud pública, a esa altura, ya será un caos, debido a los juicios de los sellos y de las trompetas. No es difícil imaginar la propagación rápida y descontrolada de enfermedades mortales entre las personas.

Además, las otras dos plagas resultarán en la muerte de toda criatura en el mar y el fin del agua potable. Ya hoy, las organizaciones que monitorean la disponibilidad de agua potable en el planeta afirman que, hasta 2025, dos tercios de la población mundial sufrirán con la falta de agua. Un hecho notable en la secuencia de estas tres primeras plagas es la declaración del “ángel de las aguas”, reafirmando la justicia de Dios en todo:

Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, el que eres, y el que eras, oh Santo, porque has juzgado estas cosas; pues ellos derramaron sangre de santos y profetas y tú les has dado a beber sangre; lo merecen. (Apocalipsis 16:5-6).

Ya sabiendo que muchos alegarán que esas plagas serán injusticia de parte de Dios, esos ángeles están ratificando que todo eso fue sembrado por el propio ser humano, que ahora debidamente cosecha los frutos de su desobediencia y rechazo a Dios. Derramaron la sangre de los santos y de los profetas. Ahora reciben sangre para beberla.

No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará. (Gálatas 6:7).

Continuará…

Libro: La Tierra va a Prenderse Fuego

Autor: Obispo Renato Cardoso

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