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La fuerza de la obediencia

La fuerza de la obediencia

En la vida espiritual no existe la neutralidad. O uno está escuchando la voz de Satanás o la voz de Dios. Cuando llega la duda, es porque estamos prestando atención a la voz del mal. La manera de neutralizarla es meditando en la Palabra de Dios.

Cuando uno medita con la sinceridad de escuchar Su voz y obedecerla, se convierte en testigo. Eso significa dejar de escuchar la voz del mundo para escuchar la voz de Dios por medio de Su Palabra, la Biblia.

La Biblia dice:

“Y nosotros somos testigos de estas cosas; y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen” (Hechos 5:32).

Cuando una persona se determina a cambiar, puede recibir el Espíritu Santo. Pero uno tiene que entregarse con el propósito de obedecer lo que Dios dice y lo que está escrito. Al ser humano, por sí mismo, le cuesta obedecer la Palabra de Dios. Sin embargo, cuando recibe el Espíritu Santo, Él le ayuda a obedecer como debe hacerlo.

En la medida en que uno se llena de la Palabra de Dios, también se fortalece espiritualmente. Eso es lo que le da la fuerza para rechazar lo que el mundo, las voces internas y los conflictos le presentan, y así obedecer la Palabra de Dios.

El ejemplo del Señor Jesús

En el Sermón del Monte, el Señor Jesús enseñó cómo debe actuar quien decide seguirlo. Por ejemplo, cuando uno ora, debe hacerlo con sinceridad.

Por eso, la Palabra dice:

«Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería» (Mateo 6:7).

Cuando uno está orando, lo importante no es la posición física, sino hablar sinceramente con Dios. Él no está condenando la repetición de palabras, sino las repeticiones sin sentido.

Muchos piensan que uno tiene que ponerse de cierta manera ante Dios o usar solo palabras bonitas. Pero eso no es orar. Orar es tener una conversación con Dios, sin mentiras y con profunda sinceridad.

Por esa misma razón, Él vuelve a recordarnos lo siguiente:

“Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:8).

Él no dice que no oremos, como algunos podrían pensar. Más bien, nos enseña cómo debe orar alguien que sigue a Cristo Jesús. Algo interesante es que nos dice que Él lo sabe todo.

Entonces, si Él ya lo sabe todo, ¿por qué debemos orar?

Porque, al orar, demostramos nuestra fe y reconocemos que dependemos de Él.

Aceptar la voluntad de Dios

Hay personas que no crecen espiritualmente porque quieren que Dios se adapte a su voluntad, en lugar de someterse a la voluntad de Él. Sin embargo, Dios tiene planes mucho mayores para nuestra vida.

Muchas personas, después de haber sido rechazadas, heridas o condenadas por el mundo, no comprenden lo que significa formar parte de los planes de Dios. Por eso, continúan cargando con dolores del pasado.

Pero cuando Dios habita en una persona por medio del Espíritu Santo, ella recibe fuerzas para enfrentar incluso los momentos más dolorosos. Aunque pierda a un ser querido, no permanece hundida en la tristeza, porque la alegría del Espíritu Santo le da fuerzas para continuar.

Muchos no consiguen dejar atrás el pasado y viven atrapados en ese sufrimiento. Sin embargo, si se entregaran por completo a Dios, podrían ser libres de ese dolor y comenzar una nueva vida.

Aceptar la voluntad de Dios también significa confiar en Su cuidado y pedirle que nos libre de aquello que puede apartarnos de Él. Por eso, el Señor Jesús enseñó:

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén” (Mateo 6:13).

Cuando vivimos en la fe, somos imparables porque estamos en las manos de Dios. Él no nos abandona y nunca lo hará.

No debemos preocuparnos por lo que los demás piensen de nosotros, sino por lo que Dios piensa, porque Él nos sustentará. Lo verdaderamente importante es saber que uno es hijo de Dios.

Dios nos bendiga a todos.