Noticias | - 5:42 pm
Todos hemos escuchado el dicho: “Hay que tratar”. Pero, ¿qué significa eso en realidad? Por ejemplo, si una persona dice: “Este año voy a tratar de viajar más”, ¿significa eso que ya está viajando en el avión?
El intento muchas veces deja abierta la posibilidad del fracaso, porque la persona aún no ha tomado una decisión firme.
Por ejemplo, cuando una persona le pide a Dios que la ayude a dejar un vicio, no es para hacer un intento; es para que, de ese punto en adelante, ya no continúe en ese vicio. Pero muchos dicen: “¿Por qué, cuando hago la oración y me voy a mi casa, sigo queriendo el vicio?”. Esto sucede porque la persona sigue relacionándose con el pecado o con el vicio y no le da espacio a que Dios obre en su vida. En otras palabras, solo está intentando.
Cuando uno recibe una oración o hace una oración, tiene que cooperar con ella; de lo contrario, no habrá cambio.
Por eso la Biblia nos enseña así: “Y no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos” (Mateo 13:58).
Jesús no pudo obrar cuando la gente no tenía firmeza, porque no creían. En la fe verdadera, uno también tiene que poner de su parte y luchar contra el mal; de lo contrario, no podrá ver que el milagro llegue a su vida. Este versículo es una prueba de que el intento es igual a la incredulidad.
Uno no puede esperar que el milagro simplemente ocurra. Jesús y Dios Padre no son magia ni una varita mágica. Para que el milagro llegue a su vida, uno tiene que poner de su parte.
“Mi palabra… no volverá a mí vacía” (Isaías 55:11).
La Palabra de Dios (la Biblia) nunca regresa vacía, pero para que produzca buenos frutos en una persona, esta tiene que cosechar lo que siembra. Hay que dejar de intentarlo y hacer lo que Dios manda, creyendo y teniendo fe en que Él quiere lo mejor para nosotros.