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El Poder del Silencio

El Poder del Silencio

¿Por qué algunas batallas no se pelean con palabras?

Todos tenemos algo que decir. Hay momentos en los que queremos hablar y tener un diálogo con alguien que no sea de nuestra familia, pero que sea una persona de confianza. Por ejemplo, para algunos puede ser un amigo, un pastor o un obispo. Uno quiere contarle todo lo que está sucediendo, pero aun así siempre hay cosas que no cuenta por completo.

Porque hay cosas que pertenecen a su privacidad. Aun así, hay alguien que lo sabe todo: Dios. Y Él ve que uno está pasando por momentos difíciles, en los que el mal trata de atacarlo sacando lo peor de su interior. Son esos momentos en los que uno tiene que permanecer en silencio, porque el mal va a tratar de usar a familiares, conocidos o compañeros de trabajo para desafiar su fe.

Habrá personas que le dirán: “¿Dónde está tu Dios?” o “¿Dónde está tu iglesia?”. Personas que se burlarán de usted y lo harán sentir como un insensato por creer y mantener su fe.

Pero la Palabra nos dice: “Pero rechaza los razonamientos necios e ignorantes, sabiendo que producen altercados” (2 Timoteo 2:23).

Es más, el Señor Jesús, después de ser arrestado y durante Su juicio, no se justificó ante la gente ni ante los líderes religiosos de su tiempo.

“Y siendo acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondió” (Mateo 27:12–14).

Hay personas por las que usted ora, personas que son importantes en su vida, pero que el mal ha tratado de usar para humillarlo por medio de sus palabras. Y, aun así, muchas veces es mejor quedarse callado, porque esas personas siguen siendo importantes en su vida.

Dios, a través de estos versículos, nos enseña que no debemos tomar las cosas de manera personal ni guardar resentimiento en el corazón. También nos enseña a usar nuestra fe en esos momentos difíciles.

No hay que tratar de razonar con quienes aún no conocen a Dios ni comprenden los pasos de Jesús. A veces, es mejor permanecer en silencio y mantenerse firme en la fe.