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A Su Imagen

A Su Imagen

¿Qué significa vivir a imagen y semejanza de Dios?

Son pocos los que entrarán al Reino de Dios. Si hay algo que la Palabra nos enseña es que muchos son llamados, pero pocos son escogidos (Mateo 22:14). Esto sucede porque muy pocos escuchan la Palabra con la intención de obedecerla.

La enseñanza es que uno debe vivir en la gracia de Dios. Sin embargo, existe una mala interpretación, porque durante mucho tiempo se enseñó a vivir conforme a la ley de Moisés. La misma ley que decía: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Éxodo 21:24). Una ley que fue dada para limitar la venganza y establecer una medida justa entre las personas.

La pregunta surge: ¿qué es vivir en la gracia de Dios?

Cuando Jesús se sacrificó por nuestros pecados, lo que más le dolió no fue lo que le hicieron físicamente, sino la separación que tuvo de Dios. Porque, cuando Él se sacrificó, cargó sobre Sí nuestros pecados. Por eso dijo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46).

La imagen y semejanza de Dios no consiste en seguir una ley, sino en vivir por la fe. Es sacrificarse como lo hizo Jesús.

La Biblia nos enseña:

Y creó Dios al hombre a Su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Dios los bendijo y les dijo: ‘Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla; ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra’” (Génesis 1:26-30).

“Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron” (Romanos 5:12).

La imagen y semejanza de Dios se refleja en el carácter. Muchos piensan que, cuando la Biblia habla de dominio, se refiere a dominar o tener autoridad sobre otras personas. Sin embargo, también se refiere a lo espiritual: la capacidad de gobernarse a sí mismo, vivir conforme a la voluntad de Dios y llevar la salvación a los demás.

Cuando una persona vive por la fe y recibe el Espíritu Santo, comienza a reflejar nuevamente el carácter de Dios. Ya no vive solamente para sí misma, sino para cumplir el propósito que Él le ha dado. Por eso, después de Su resurrección y antes de subir a los cielos, el Señor Jesús dio la siguiente instrucción a los apóstoles:

“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (Hechos 1:8).

Pocos toman en consideración vivir en la gracia de Dios para entrar en Su Reino. Pero, si vamos a nacer del agua (la Palabra de Dios) y del Espíritu, lo hacemos para ser testigos de la resurrección de Jesús en todo el mundo.

Vivir a imagen y semejanza de Dios es hacerse discípulo, sacrificarse y hacer la voluntad del Padre en cada etapa de la vida, así como lo hizo Jesús.