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Frutos de fidelidad

Frutos de fidelidad

La fidelidad a Dios también se manifiesta en las actitudes y en el carácter de una persona. El ejemplo de Abraham muestra que Dios no observa solamente lo que uno dice, sino también la manera en que conduce su propia vida.

Al observar la trayectoria del patriarca, vemos que Dios no consideraba solamente lo que Abraham decía, sino también la manera en que vivía. En este contexto, también destaca su fidelidad en el matrimonio con Sara. Es decir, si Abraham era leal a Sara, también demostraría lealtad a Dios.

La relación con Dios no se limita a palabras o manifestaciones religiosas. La forma en que una persona actúa frente a sus responsabilidades, compromisos y las personas que la rodean también revela aquello que existe en su interior.

El carácter aparece en las decisiones

Abraham se convirtió en una referencia de fe porque decidió obedecer la dirección de Dios. Sin embargo, esa obediencia no estaba separada de su carácter.

Una persona puede conocer las Escrituras, asistir a una iglesia o hablar sobre la fe. Pero el verdadero compromiso con Dios aparece cuando pone en práctica aquello que afirma creer.

La Biblia dice lo siguiente: “Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos” (Santiago 1:22).

Por eso, la fidelidad y la obediencia van de la mano. Quien desea servir a Dios necesita observar su propia conducta y entender que incluso las pequeñas decisiones revelan a quién está dando prioridad.

La lealtad no debe aparecer solamente en los grandes momentos de la vida. Se construye diariamente, en la manera de cumplir la palabra, respetar los compromisos y permanecer firme en aquello que es correcto.

Una fe que se hace visible

El Espíritu Santo también tiene un papel fundamental en la vida de quien desea vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

Cuando Dios hace morada en una persona por medio de Su Espíritu, la fe deja de ser solamente un discurso y comienza a reflejarse en el comportamiento, en las decisiones y en la manera de enfrentar diferentes situaciones.

El ejemplo de Abraham nos lleva a reflexionar:

¿La fidelidad que demostramos frente a las personas también corresponde a la fidelidad que presentamos delante de Dios?

La Biblia responde esta pregunta de la siguiente manera: “Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20).

Más que conocer principios bíblicos, necesitamos ponerlos en práctica. Después de todo, es en la vida diaria donde se manifiesta el carácter y donde la fe se hace visible por medio de nuestras actitudes. Los frutos que producimos revelan lo que somos delante de Él.