Noticias | - 2:19 pm
Muchos estamos cargando un peso que no nos pertenece. Estamos atrapados en las cicatrices del pasado. Nos ofendieron o nosotros ofendimos; fuimos víctimas de algo trágico y no sabemos cómo dejarlo atrás. Sentimos un gran vacío en nuestro pecho.
Entonces surge una pregunta: ¿Cómo puede usted dejar eso atrás y seguir adelante?
La Biblia nos dice así: «¿Qué daré al Señor por todos Sus beneficios para conmigo?» (Salmos 116:12).
Hay algo que debemos notar en este versículo: la Biblia no nos está diciendo qué podemos obtener del Señor, sino qué podemos darle a Él por todos Sus beneficios. Tal vez usted se esté preguntando: «¿Qué tienen que ver los beneficios de Dios con el perdón?». Mucho. Cuando entendemos todo lo que Dios ha hecho por nosotros, una de las primeras respuestas que Él espera es una vida de entrega y obediencia. Y el perdón forma parte de esa obediencia.
El perdón no depende de las emociones. Es un mandamiento que Dios nos dio para que lo obedezcamos. Usted no puede esperar a perdonar solo cuando lo sienta en el corazón.
Por ejemplo, ¿cuántas veces no ha querido ir a trabajar por la mañana? Usted se siente cansado, adolorido y sin ganas, pero aun así sabe que es su responsabilidad. Lo mismo sucede con el perdón. Tal vez usted esté cansado y no quiera hacerlo, pero aun así debe perdonar, porque es nuestro deber.

Más que pedirle perdón a una persona, también debemos pedirle perdón a Dios.
«Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores» (Mateo 6:12).
En nuestra oración diaria debemos pedirle perdón a Dios, incluso cuando no entendamos por qué lo estamos haciendo. La Biblia nos enseña que, cuando actuamos de una manera contraria a la voluntad de Dios, se produce una separación entre Él y nosotros.
El perdón diario es lo que nos mantiene humildes. Nos recuerda que no somos perfectos, sino que estamos en camino hacia la perfección. Cometeremos errores, pero cuando pedimos perdón, no vivimos para el error, sino para Dios.
Cuando usted decide perdonar y pedir perdón, deja de cargar un peso que nunca debió llevar. Encuentra paz, restaura su comunión con Dios y tiene la certeza de su salvación. Porque usted solo puede ser perdonado, así como perdona a los demás.