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¿Sabías que la fe tiene su sabor?

¿Sabías que la fe tiene su sabor?

Muchos oran por sus necesidades, pero muy pocos reciben la liberación inspirada por Dios. Esto sucede porque no conocen la promesa definida. O sea, esto sucede porque simplemente orar no es probar la fe, sino ponerla en práctica. La Biblia nos enseña que debemos orar para relacionarnos con Él, pero probar la fe es meterse al fuego, derrumbar los gigantes que nos persiguen y hacerlo, aunque todo esté en nuestra contra.

La Biblia nos enseña así:

“Probad y ved que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!” (Salmo 34:8).

“Probad” aquí tiene dos sentidos: uno como sinónimo de comer y el otro como experimentar, vivirlo personalmente y comprobarlo por uno mismo. Pero, para que esto suceda, una persona tiene que comer de Su Pan (la Biblia) y entender la promesa definida.

El “ved” en este versículo representa el entendimiento, el reconocer y el confirmar, para que la fe se haga personal.

Si juntamos estas dos definiciones en un solo ejemplo: cuando comemos algo, lo vemos, nos agrada y lo comemos. Nadie en este mundo quiere comer algo desagradable o algo que no entiende cómo fue preparado.

El Señor preparó Su Palabra para que pudiéramos probar y ver. Cuando una persona prueba la fe, confirma por sí misma que lo que está escrito es verdad. El sabor de la fe es la confianza.

Cuando el rey David, inspirado por Dios, escribió este versículo, él ya había probado la fe y ya había derrumbado a Goliat. Pero estaba pasando por un momento de persecución y sufrimiento. Aun así, como él ya había probado la fe, conocía profundamente su sabor. Por eso, aunque estaba sufriendo, seguía confiando, y eso lo mantenía feliz, porque sabía que Dios era su refugio y más grande que cualquier problema que se le atravesara.

La verdadera fe no solo se escucha o se habla; se experimenta personalmente.