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¿Quién habita su casa?

¿Quién habita su casa?

¿Será que su casa está vacía?

Por lo regular, todos tenemos diferentes razones por las cuales limpiamos la casa. Uno puede estar esperando una visita importante, quizá no tuvo tiempo para limpiar y la casa lo necesita, o simplemente le gusta ser organizado. Hay personas a las que les gusta ver su casa ordenada y todo en su lugar.

Ahí es donde surge la pregunta: ¿para quién está limpiando su casa?

Hay personas que tienen una casa bonita y todo dentro de ella, pero aun así se siente vacía. Hay casas que físicamente se ven bien, pero dentro de ellas existen conflictos. También puede haber muchas cosas, pero nadie con quien disfrutarlas.

Ahí está el detalle del interior del ser humano: ¿de qué sirve que uno tenga todo físicamente bien si por dentro se siente vacío?

Es como las personas que van al gimnasio, pero sufren de depresión, tristeza o problemas de autoestima. Es decir, tienen todo para ser “felices”, pero no lo son. Es más, muchos de los que van al gimnasio han tenido “transformaciones físicas”, pero aun así se siguen sintiendo vacíos por dentro.

Por eso, el Señor Jesús dijo lo siguiente: “Cuando un espíritu maligno sale de una persona, va al desierto en busca de descanso, pero no lo encuentra” (Mateo 12:43).

Aquí se está hablando de un espíritu maligno que salió de una persona. Es decir, la casa de esta persona estaba limpia. Pero la lección no es solamente que uno haya sido liberado, sino qué está llenando ese espacio que ahora está limpio.

No se trata solamente de sacar aquello que está mal, sino de llenar ese espacio con lo bueno, con aquello que viene de Dios.

Ahí es donde surge otra pregunta: ¿estamos buscando a Dios solamente para resolver un problema o para tener una relación con Él?

Lo que sucede muchas veces es que, después de que Dios limpia la vida de una persona, esta no siempre busca tener una relación con Él. Muchos buscan a Dios porque quieren recibir cosas de Él.

Pero la verdadera bendición está en vivir por Sus promesas y no solamente por las bendiciones. Las bendiciones pueden ser temporales, pero las promesas de Dios apuntan hacia lo eterno.

Esto también se aplica a la manera en que uno asiste a una iglesia. ¿Será que uno solo forma parte de la institución, sigue tradiciones, doctrinas humanas y costumbres religiosas, o realmente lo hace para Dios?

Recibir el Espíritu Santo debe llevar a la persona a vivir guiada por la Palabra de Dios, no simplemente por costumbres o sentimientos.

El deseo de Dios es que uno tenga una relación con Él, pero muchos simplemente quieren que Él limpie la casa sin tener un compromiso ni una relación con Él.

¿Qué sucede si uno no toma la decisión de seguirlo?

Entonces dice: “Volveré a la persona de la cual salí”. De modo que regresa y encuentra su antigua casa vacía, barrida y en orden. Entonces el espíritu busca a otros siete espíritus más malignos que él, y todos entran en la persona y viven allí. Y entonces esa persona queda peor que antes. Eso es lo que le ocurrirá a esta generación maligna” (Mateo 12:44-45).

Entonces surge la pregunta: ¿qué significa estar lleno del Espíritu Santo?

La Biblia también muestra que estar lleno del Espíritu Santo produce una nueva manera de vivir, pensar y actuar.

Esta pregunta se puede responder, en esta ocasión, por medio de dos pasajes:

“En cambio, sean llenos del Espíritu Santo” (Efesios 5:18).

Y también:

“Y el Espíritu del Señor reposará sobre él:

el Espíritu de sabiduría y de entendimiento,

el Espíritu de consejo y de poder,

el Espíritu de conocimiento y de temor del Señor” (Isaías 11:2).

Recibir el Espíritu Santo significa que el Señor habite dentro de uno y que uno sea guiado por Su dirección, fortaleza, conocimiento y reverencia hacia Dios.

Cuanto más uno se entrega, más uno recibe de Dios. No se está hablando simplemente de “recibir poder”, sino de rendirse y entregar la propia vida al Señor Jesús.

Pero algo que sí debemos entender es que la entrega implica tomar la decisión de decir y actuar: “Voy a ser de Dios. Voy a seguir al Señor Jesús.”

Esto no significa convertirse inmediatamente en una persona perfecta. Incluso después de esa decisión, continúan existiendo limitaciones y fallas.

La diferencia es que ahora la persona comienza a ser guiada por el Espíritu Santo para vencer esas limitaciones.