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¿Qué impide cambiar?

¿Qué impide cambiar?

¿Por qué pasa el tiempo, pero nada cambia?

Muchos queremos un cambio, pero no estamos dispuestos a hacer lo necesario para lograrlo. Es como querer bajar de peso, pero quedarse solamente con la idea o con el conocimiento de cómo hacerlo, sin ir al gimnasio ni ponerlo en práctica.

Lo mismo sucede con la Palabra de Dios. Hay personas que la conocen y saben lo que está escrito, pero no hacen nada para ponerla en práctica ni ejercitan esa fe sobrenatural.

Por eso, la Biblia dice:

«Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo» (Romanos 10:17).

No se trata simplemente de conocer, escuchar y leer la Biblia, sino de permitir que, cada vez que la escuchemos, produzca un cambio en nuestra vida.

Lo que sucede es que muchos seres humanos se conforman con tener solamente una fe natural. Por ejemplo, cuando subimos a un avión, viajamos en autobús o nos sometemos a una operación, confiamos fácilmente en que las personas encargadas están capacitadas para realizar su trabajo.

Sin embargo, la fe sobrenatural viene por medio de la Palabra de Dios. Y es esa fe la que nos lleva a reflexionar y a reconocer cómo estamos espiritualmente.

Por eso, la Biblia también dice:

«Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu» (2 Corintios 3:18).

La Biblia, cuando se utiliza con el propósito para el que fue escrita, es como un espejo para nuestra vida. En ella encontramos orientación para nuestra vida familiar, matrimonial, social y espiritual. Es por medio de la Palabra de Dios que podemos reconocer aquello que necesitamos cambiar.

La verdadera transformación debe ser continua, no solamente una experiencia del pasado. Es decir, no debemos conformarnos con el primer cambio, sino que debemos buscar muchos más. El objetivo de esta transformación es ser cada vez más semejantes al Señor Jesús.

¿Por qué algunas personas escuchan la Palabra de Dios durante años, pero continúan viviendo de la misma manera?

Esto sucede cuando la persona no reconoce que necesita hacer un cambio importante en su vida y escucha la Palabra de Dios solamente como información.

La Biblia, que es la Palabra de Dios, no fue dada solamente para adquirir conocimiento, sino para transformar nuestra vida.

Una de las razones por las que muchas personas no experimentan esta transformación es que están espiritualmente cegadas. Aunque escuchan la Palabra de Dios, continúan enfocándose en aquello que el mundo les ofrece, sin reconocer lo que verdaderamente necesitan cambiar.

Por eso, la Biblia también nos advierte sobre la ceguera espiritual:

«Y si todavía nuestro Evangelio está escondido o velado, para los que se pierden está velado».

«… ha cegado el entendimiento…» (2 Corintios 4:3-4).

Hay personas que utilizan su fe solamente para alcanzar conquistas materiales. Depositan su confianza, felicidad y fidelidad en personas, lugares o posesiones, cegándose ante lo que verdaderamente necesitan para experimentar una transformación interior.

Permiten que el trabajo, el dinero o las conquistas ocupen el lugar de Dios. Una bendición puede convertirse en un ídolo cuando la persona comienza a vivir exclusivamente para ella y deja de dedicar tiempo a Dios.

Es ahí donde debemos reflexionar sobre esta pregunta:

¿El Señor Jesús es suficiente para usted?

El tiempo está pasando y nada está cambiando. ¿Por qué? Porque la verdadera transformación está relacionada con tener una experiencia personal con Dios. El Espíritu Santo fortalece a la persona para enfrentar las dificultades.

Sin embargo, el paso del tiempo no significa que nuestra vida tenga que permanecer igual. El verdadero cambio comienza cuando dejamos de conformarnos con lo que somos y permitimos que la Palabra de Dios transforme nuestro interior.