Noticias | - 1:47 pm
¿Cuántas veces hemos orado el Padre Nuestro sin detenernos a pensar en el significado de sus palabras?
La oración comienza diciendo: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre» (Mateo 6:9).
Pero ¿qué significa llamar a Dios «Padre» si nuestras actitudes no reflejan Su voluntad?
Así como un hijo lleva consigo el nombre de su padre, quienes decimos pertenecer a Dios también llevamos la responsabilidad de honrar Su nombre mediante nuestra manera de vivir.
Y esto nos lleva a reflexionar: ¿estamos santificando el nombre de Dios solamente con nuestras palabras o también con nuestras decisiones?
Porque podemos orar, leer la Biblia e incluso hablar de nuestra fe, pero ¿qué sucede cuando nuestras actitudes contradicen aquello que decimos creer?
Santificar el nombre de Dios va mucho más allá de una oración. Significa vivir con integridad, sinceridad y obediencia, incluso cuando nadie nos está observando.
¿Quién está gobernando nuestras decisiones?
En la misma oración, el Señor Jesús nos enseña a decir:
«Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» (Mateo 6:10).
Sin embargo, ¿cuántas veces pedimos que se haga la voluntad de Dios, pero cuando llega el momento de tomar una decisión, preferimos hacer la nuestra?
Queremos que Dios dirija nuestros pasos, pero a veces nos resistimos cuando Su dirección es diferente de lo que sentimos o deseamos.
La Biblia nos enseña:
“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis” (Gálatas 5:17).
Aquí vemos que existe una lucha entre los deseos de la carne y los del Espíritu.
Esto significa que obedecer a Dios no siempre será lo más cómodo ni lo que nuestro corazón desea. Muchas veces tendremos que renunciar a nuestra propia voluntad para hacer lo que sabemos que es correcto delante de Él.
Por eso, el Señor Jesús también enseñó:
“Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).
Buscar primero el Reino de Dios no significa solamente hablar de Él, sino permitir que Su Palabra tenga autoridad sobre nuestras decisiones.
Reflexione: Cuando usted ora y dice «Padre nuestro», ¿sus actitudes demuestran que realmente está viviendo como hijo de Dios?
Porque no basta con reconocerlo como Padre mediante nuestras palabras. También necesitamos demostrar, a través de nuestra obediencia, que estamos dispuestos a hacer Su voluntad.
Al final, la verdadera pregunta no es solamente si llamamos a Dios «Padre», sino si estamos viviendo como Sus hijos.