Noticias | - 2:14 pm
Algo que puede distraernos fácilmente son las preocupaciones. Con facilidad, pueden convertirse en una de nuestras prioridades. Por ejemplo, uno trabaja para vivir, pero no vive para trabajar.
Algo que debemos entender es que hay un momento para todo. Así como hay momentos para trabajar y salir adelante, también hay momentos para disfrutar y momentos para lo espiritual.
Pero muchos permiten que sus preocupaciones se conviertan en el señor de su vida. Y si hay algo que la Biblia nos enseña, es que uno no puede servir a dos señores.
Por eso, la Biblia nos enseña, a través del ejemplo de Marta y María, lo siguiente:
“Durante el viaje a Jerusalén, Jesús y sus discípulos llegaron a cierta aldea donde una mujer llamada Marta los recibió en su casa. Su hermana María se sentó a los pies del Señor a escuchar sus enseñanzas, pero Marta estaba distraída con los preparativos para la gran cena. Entonces se acercó a Jesús y le dijo:
—Maestro, ¿no te parece injusto que mi hermana esté aquí sentada mientras yo hago todo el trabajo? Dile que venga a ayudarme.
El Señor le dijo:
—Mi apreciada Marta, ¡estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará.” (Lucas 10:38-42)
Aquí, Marta estaba ocupada con muchas cosas, mientras María decidió sentarse a escuchar al Señor Jesús.
Entonces surge una pregunta importante: ¿qué estamos colocando por encima de nuestra relación con Dios?
En la vida encontramos tiempo para muchas cosas, pero muchas veces terminamos dejando para después aquello que fortalece nuestra vida espiritual.
El Señor Jesús le dijo a Marta que estaba “preocupada y molesta por tantas cosas” (Lucas 10:41).
Cuando estamos dominados por el miedo, la ansiedad y la preocupación, también puede resultar más difícil detenernos y escuchar la dirección de Dios.
Pero María escogió aquello que era realmente necesario.
¿Para qué estamos orando?
Dios quiere que hagamos cosas grandes, pero cosas grandes que estén de acuerdo con Su voluntad.
Por eso, necesitamos enfocarnos también en nuestro crecimiento espiritual.
Ahí es cuando uno debe preguntarse: ¿para qué estoy orando?
Muchas veces, nuestras oraciones están enfocadas solamente en:
No está mal orar por estas cosas, pero nuestra vida con Dios no puede limitarse solamente a buscar soluciones para nuestros problemas.
A veces cambiamos aquello que fortalece nuestra vida espiritual por soluciones inmediatas que solamente buscan aliviar una situación.
Necesitamos aprender a buscar primero a Dios y fortalecer nuestra comunión con Él.
Parte de crecer espiritualmente también es aprender a enfrentar cada dificultad sin perder nuestra prioridad en Dios.
Cada batalla puede fortalecer nuestra fe
David también enfrentó problemas que fueron aumentando a lo largo de su camino. Primero enfrentó al león y al oso, después a Goliat, posteriormente a Saúl y también a los filisteos.
Cada batalla fue diferente, pero su fe también se fue fortaleciendo.
De la misma manera, no podemos permitir que cada nueva dificultad se convierta en algo que gobierne nuestra vida.
Los problemas pueden cambiar, pero Dios continúa siendo el mismo.
La cuestión es decidir quién tendrá la última palabra: el problema, nuestras emociones o la Palabra de Dios.