Noticias | - 4:29 pm
Cuando muchas personas piensan en tener una relación con Dios, lo primero que consideran son las bendiciones que pueden recibir. Se enfocan en las cosas materiales y en resolver sus problemas; quieren recibir sin asumir un compromiso.
Pocas buscan una relación verdadera con Dios, basada en la entrega y en el compromiso de vivir como primogénitos.
¿Cuál es el derecho del primogénito?
La Biblia dice:
“Si un hombre tiene dos mujeres, una amada y otra aborrecida, y tanto la amada como la aborrecida le han dado hijos, si el primogénito es de la aborrecida, el día que reparta lo que tiene entre sus hijos, no puede él hacer primogénito al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito, sino que reconocerá al primogénito, al hijo de la aborrecida, dándole una porción doble de todo lo que tiene, porque él es el principio de su vigor; a él pertenece el derecho de primogenitura” (Deuteronomio 21:15-17).
Cuando el versículo habla de un hombre que tiene dos mujeres, no significa que un hombre cristiano o un hombre de Dios pueda tener dos esposas. Esa era una práctica cultural de aquella época; algunos israelitas tenían dos mujeres con el propósito de procrear y aumentar su descendencia.
La palabra «aborrecida» no significa que la persona sea odiada, sino que es menos amada o favorecida.
En este pasaje, vemos que la primogenitura sigue un orden. No es una idea del hombre, sino un derecho establecido por Dios. Por esa razón, cuando el primogénito es reconocido como tal, recibe una porción doble.
Primogénito significa ser el primero en nacer.
¿Qué significa vivir como primogénito en la fe?
Al poner al Señor Jesús en primer lugar, uno sigue Sus pasos, no por las cosas materiales, sino para agradarlo, obedecerlo, conocer Su voluntad, cuidar de su salvación y, principalmente, ayudar a otros.
De esta manera, comienza a vivir como primogénito en la fe: es aceptado en Cristo y puede presentarse ante Dios por medio de Él.
¿Cuál es la doble porción?
Algo que debemos recordar es que en el Antiguo Testamento, muchas de las promesas destacaban las bendiciones físicas, familiares y materiales. Ahí es donde entra la doble porción, que incluye todas las promesas escritas y las bendiciones espirituales.
De esta manera, la doble porción representa una vida completa: las promesas para la vida terrenal y, sobre todo, las bendiciones espirituales recibidas por medio del Señor Jesús.
Por eso, la Biblia nos recuerda:
“Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
La parte espiritual de esta doble porción incluye la justificación, la salvación y el acceso a Dios por medio del Señor Jesús. Dios desea que Sus hijos tengan una vida completa, pero sin apartarse de la prioridad principal: recibir el Espíritu Santo y preservar la comunión con Él.
Pero recuerde: la primogenitura exige reflejar el carácter del Señor Jesús. Uno debe vivir en santidad, preservar su comunión con Dios y evitar entristecer al Espíritu Santo. También debe perseverar, mantener su fe, no compararse con los demás y no cambiar su paz por deseos materiales.
Cuando uno es primogénito en la fe, se convierte en un instrumento de salvación porque comparte con otros lo que ha recibido.
La primogenitura espiritual no debe verse únicamente como el derecho a recibir bendiciones, sino también como una responsabilidad. Quien la recibe pasa a ser luz dondequiera que va y transmite esperanza a los demás.
La primogenitura implica una responsabilidad diaria y una entrega constante. Las bendiciones materiales pueden formar parte de esa vida, pero la mayor herencia siempre será la salvación.
Reflexione: ¿Qué lugar ocupa la salvación entre sus prioridades?
La salvación es la que nos da la verdadera paz.