Noticias | - 2:59 pm
Muchas veces sabemos lo que es correcto, pero aun así nos resistimos a hacerlo. Ya sea por nuestras emociones o por las situaciones que atravesamos, a veces nos negamos a hacer el bien. Por ejemplo, si un familiar o un ser querido nos ofendió, podemos enojarnos o resentirnos tanto que nuestra actitud hacia los demás cambia, especialmente cuando sentimos o sabemos que sufrimos una injusticia.
Hay personas que comienzan a caer en vicios, se vuelven aisladas o simplemente empiezan a ver mal a los demás por una situación que vivieron con alguien. Es decir, ya no quieren relacionarse con nadie ni confiar en nadie.
Pero, ¿será que pusimos nuestra confianza en un lugar donde no deberíamos?
Como seres humanos, a veces ponemos a otras personas en un estándar demasiado alto y, cuando nos fallan, quedamos muy dolidos, no solo con esa persona, sino también con los demás. Es decir, se nos olvida que ellos también son seres humanos imperfectos y que, en algún momento, pueden fallarnos.
Es ahí donde uno tiene que aferrarse a lo que verdaderamente viene de lo Alto. Por eso, la Biblia dice lo siguiente:
“No niegues el bien a quien se le debe, cuando esté en tu mano el hacerlo” (Proverbios 3:27).
La verdad es que nos cuesta hacer el bien porque, aun cuando nos sentimos tristes, enojados o experimentamos cualquier otra emoción, queremos ponernos a nosotros mismos en primer lugar.
Hacer el bien requiere sacrificio porque, aunque uno pueda tener la razón, si no tiene ese sentido de misericordia o perdón —que también forma parte de hacer el bien— puede decidir aferrarse a una emoción que no le hace bien.
A veces, por mantener esa emoción negativa, uno ni siquiera logra seguir adelante.
Hacer el bien también comienza con nosotros mismos, dejando atrás aquello que ya no nos hace bien.
También debemos hacerle bien a nuestra propia alma. Una emoción fuerte puede crear hábitos que sabemos que no son buenos y que ya no queremos tener, pero aun así seguimos repitiendo.
Perdone y arrepiéntase. Ese puede ser un buen lugar para comenzar a hacer el bien, tanto para usted mismo como para los demás.
Y es esta fe la que mueve al proyecto Ángeles de la Noche. Cada semana, el grupo sale a distribuir comida, agua, ropa y Biblias, llevando también apoyo y una palabra de fe a quienes más lo necesitan.
Si desea ser parte de este proyecto, visítenos en el Santuario de la Familia de Dios, ubicado en 625 S. Bonnie Brae St., Los Ángeles, CA 90057, o busque la Iglesia Universal más cercana. También puede llamarnos al (800) 581-4141. Nuestros colaboradores estarán disponibles para atenderle.
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