Noticias | - 4:03 pm


La apariencia no transforma

La apariencia no transforma

¿Es fácil aparentar ser alguien que uno no es?

Aprender una cultura nueva es fácil, así como hablar de manera diferente y comportarse de una forma agradable. Todos podemos aprender esas cosas. Incluso, podemos aprender a ganarnos a las personas con actitudes y acciones que les agraden.

Pero ahí surge la pregunta clave: ¿a quién se está engañando realmente? Uno puede hacer todas esas cosas “positivas” y, aun así, ser completamente miserable por dentro. Incluso puede creer que está haciendo un cambio en la sociedad por ser esa “persona positiva”, pero en realidad no hay un cambio en su propia vida.

Si observamos a muchas personas famosas, podemos ver este mismo fenómeno. Algunas incluso donan grandes sumas de dinero a programas que dicen querer cambiar el mundo y, sin embargo, por dentro se sienten vacías o desean morir. Esto demuestra que uno puede intentar cambiar la sociedad sin que primero haya un verdadero cambio en su propia vida.

¿Cuántas veces hemos oído hablar de personas que se han quitado la vida en las noticias?

Pero, para que haya un cambio y una conversión completa, tiene que haber una entrega de todo corazón. No basta con un cambio superficial, porque eso cualquiera lo puede hacer.

Por eso, la Biblia dice así: «Convertíos a Mí de todo corazón… rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos…» (Joel 2:12–13).

«…y no vuestros vestidos.»

Aquí, el Señor nos está diciendo que no quiere las apariencias ni una entrega a medias. Él desea que nos entreguemos por completo para poder obrar plenamente en nuestra vida.

Aprender a “comportarse bien” para agradar a los demás es muy fácil, pero permitir que Dios produzca un cambio y una transformación total es lo que a muchos les cuesta. Sin embargo, cuando dejamos atrás la vieja manera de vivir y todo lo superficial, es ahí donde comienza la verdadera transformación.

La verdadera conversión no comienza por lo que mostramos a los demás, sino por lo que entregamos a Dios.