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El estado de su alma

El estado de su alma

¿Cómo está nuestra alma?

Si nos encontramos mal de salud física, hacemos lo que sea necesario para estar bien. En muchos casos, si el doctor le dice a uno que necesita bajar de peso, uno lo hace: empieza a comer mejor, sale a caminar o va al gimnasio.

Hacemos muchas cosas para proteger nuestro cuerpo. Muchos queremos vivir el mayor tiempo posible y, naturalmente, buscamos protegernos físicamente tratando de evitar accidentes, violencia, enfermedades, tragedias y cualquier tipo de peligro cotidiano.

Todo eso es importante, y es bueno que uno quiera cuidarse. Pero, en medio de todo ese cuidado físico, muchas veces se nos olvida algo: el estado de nuestra alma.

Surge la pregunta: ¿Será que cuidamos nuestra alma de la misma manera en que cuidamos nuestro cuerpo físico?

Nadie en este mundo sabe el día en que va a partir. La vida de cada persona termina en un momento diferente. Cuando uno es joven o está saludable, puede pensar: “Todavía tengo mucho tiempo”, “Soy joven” o “A mí no me va a pasar nada”.

Pero la salvación no debe ser algo que dejamos para después. Tampoco es algo que debemos “resolver” algún día, sino algo que debemos cuidar hoy.

 

¿Cómo saber si nuestra alma está bien?

La Biblia dice lo siguiente: “Amado, ruego que seas prosperado en todo, así como prospera tu alma, y que tengas buena salud” (3 Juan 1:2).

Una de las señales de que uno está bien espiritualmente es tener paz, algo que no necesariamente tiene que ver con lo físico.

La palabra “prosperado” en este versículo no significa que uno tendrá una vida fácil ni se refiere solamente a lo material, sino también al bienestar espiritual. Aquí se nos enseña la importancia de procurar que nuestra alma prospere.

Podemos tener de todo físicamente y, aun así, no tener paz.

Vea lo que dice la Biblia sobre la paz: “Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, a la cual en verdad fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos” (Colosenses 3:15).

Cuando la paz de Cristo reina dentro de nosotros, podemos enfrentar cualquier dificultad sin perder esa paz interior. Es decir, podemos estar pasando por momentos difíciles, pero Su paz puede permanecer dentro de nosotros.

Muchas veces pensamos: “Si pago esta deuda, voy a tener paz” o “Cuando resuelva este problema, voy a tener paz”. Pero la paz espiritual no depende solamente de las circunstancias.

¿Qué puede afectar esta paz?

El pecado afecta nuestra paz. Cuando nuestra conciencia, o algo dentro de nosotros, nos dice que algo no está bien o que nos hace falta algo, puede ser una señal de que no estamos bien delante de Dios.

Otra manera de perder esa paz es vivir de una forma contraria a Su Palabra, la Biblia.

Es ahí donde uno debe reflexionar profundamente y preguntarse: ¿Mi vida realmente está en las manos de Dios? O, mejor dicho: ¿Cómo se encuentra mi alma delante de Dios?

Tenga esto en mente: hay una gran diferencia entre conocer sobre Dios y conocer a Dios. Uno puede conocer historias de la Biblia, versículos, asistir a la iglesia y tener información sobre Él, pero eso no significa que realmente lo conozca.

Conocer a Dios es tener una experiencia personal con Él, entregarle la vida, vivir de acuerdo con Su voluntad y tener una verdadera comunión con Él.

Pregúntese: ¿Qué está impidiendo que usted tenga una verdadera experiencia con Él?