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Regrese al primer amor

Regrese al primer amor

 

¿Será que estamos viviendo la fe del primer amor?

Cuando uno está de noviazgo, solo tiene un deseo: estar todo el tiempo con la persona que ama. El amor está en su mayor expresión de pureza cuando uno se encuentra en ese estado de primer amor. Uno hace lo que sea por agradar a la persona con la que desea estar. Incluso si no tiene mucho, se las ingenia y hace algo de la nada.

¿Pero qué sucede con el paso del tiempo y ese primer amor?

Lo que sucede muchas veces es que, con el paso del tiempo, uno se va desenamorando o, mejor dicho, se va acostumbrando a la rutina de estar con la persona. Y con esa costumbre, poco a poco se pierde el esfuerzo. Uno ya no hace lo mismo para agradar a la otra persona como lo hacía antes.

La definición del primer amor es poner algo en primer lugar, es decir, considerarlo una prioridad.

Y ahí está el detalle cuando se habla de la fe. Muchos se han enfriado con Dios. Hay quienes han tenido una experiencia con Él y quienes no.

Quienes no tuvieron una experiencia con Él nunca lo pusieron verdaderamente en primer lugar. Y quienes sí tuvieron una experiencia con Él, con el tiempo se enfriaron y abandonaron el primer amor.

Por eso, el Señor Jesús enseñó lo siguiente:

“Cierto hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos le dijo al padre: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde». Y él les repartió sus bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntándolo todo, partió a un país lejano, y allí malgastó su hacienda viviendo perdidamente” (Lucas 15:11-13).

Nosotros hemos nacido con libre albedrío. Es decir, así como el padre de la parábola permitió que el hijo tomara su parte y se fuera, Dios tampoco obliga a nadie a permanecer con Él. Cada uno de nosotros toma sus propias decisiones. Dios no creó robots; Él nos dio libre albedrío.

Es por esta misma razón que muchas de las cosas que vivimos e incluso sufrimos son consecuencia de nuestras propias decisiones, elecciones y prioridades.

Reflexione: ¿Qué decisiones nos están acercando a Dios y cuáles nos están alejando? ¿Será que uno está haciendo con su fe lo mismo que hizo el hijo pródigo y llevando su herencia hacia la perdición?

Aquí podemos ver que lo que alejó al hijo pródigo de su padre fue el materialismo. El deseo de querer acumular cosas puede llegar a separar al ser humano de Dios. Ahí es donde uno comienza a perder el primer amor. Uno empieza a hacer su propia voluntad para obtener lo que desea.

Debemos recordar: lo material promete satisfacción, pero es momentáneo.

Querer cosas buenas no es pecado. El problema está en la intención detrás de por qué uno las quiere, especialmente si eso termina alejándolo de la presencia de Dios. Uno debe desear tener cosas buenas también con el propósito de ser un buen testimonio y usar lo que recibe para Dios.

¿Qué significa vivir el primer amor?

Entonces, volviendo en sí, dijo:

“¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores’” (Lucas 15:17-19).

La cuestión no es tener algo, sino qué lugar ocupa en nuestro corazón. Aquí, espiritualmente hablando, el hijo pródigo comienza a volver porque recuerda a su padre y empieza a pensar nuevamente en lo que había aprendido de él.

Así como el pan alimenta el cuerpo, los pensamientos de Dios que encontramos en Su Palabra alimentan nuestra vida espiritual. El hijo ya se había arrepentido y, por eso, tomó la decisión de regresar a su padre.

¿Y qué hace el Padre celestial cuando nosotros hacemos lo mismo que el hijo pródigo?

“Pero el padre dijo a sus siervos: «Pronto; traed la mejor ropa y vestidlo, y poned un anillo en su mano y sandalias en los pies; y traed el becerro engordado, matadlo, y comamos y regocijémonos; porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado». Y comenzaron a regocijarse” (Lucas 15:22-24).

Nuestro Padre no nos rechaza por nuestros errores. Cuando nos arrepentimos y regresamos a Él, nos recibe.

Ahora pregúntese: ¿Qué está ocupando espacio en su corazón?