Noticias | - 2:16 pm
La fe sobrenatural no se basa en lo que uno siente, sino en lo que está escrito en la Palabra de Dios.
Entonces, ¿cómo podemos saber si estamos viviendo de la manera correcta? Cuando nuestras decisiones están de acuerdo con lo que Dios enseña en Su Palabra.
Muchas veces, una persona puede conocer versículos, repetir oraciones y participar en reuniones, pero eso no significa necesariamente que esté viviendo una verdadera fe. Antes de tener una experiencia con Dios, uno puede hacer muchas cosas simplemente por costumbre. Incluso una oración como el “Padre Nuestro” puede convertirse solamente en palabras cuando no existe una entrega sincera.
Sin embargo, cuando uno tiene un verdadero encuentro con Dios, comienza un proceso de transformación y santificación que continúa durante toda la vida.
La obediencia está por encima de las emociones
Por eso, el Señor Jesús nos enseñó lo siguiente:
“Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones” (Mateo 6:14-15).
Aquí, el Señor Jesús habla sobre la importancia de perdonar.
Muchas veces, uno puede pensar: “No siento que pueda perdonar” o “Todavía estoy herido”. Pero la fe no depende de lo que sentimos. Si la Palabra nos enseña a perdonar, entonces debemos ponerla en práctica.
El perdón no siempre comienza con una emoción. Muchas veces, comienza con una decisión de obedecer. La Palabra de Dios no solamente nos muestra lo que debemos conocer, sino también aquello que necesitamos aplicar en nuestra propia vida.
La disciplina también forma parte de la fe. Por eso, el Señor Jesús habló sobre el ayuno de la siguiente manera:
“Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6:16-18).
El ayuno representa disciplina, entrega y la disposición de colocar las cosas espirituales por encima de las necesidades y los deseos personales.
Cuando uno comienza a tener una verdadera experiencia con Dios, entiende que la vida espiritual requiere renuncias. Ya no se trata solamente de hacer lo que uno quiere, sino de preguntarse qué es lo que Dios espera de uno.