Noticias | - 5:12 pm
El pecado puede comenzar de manera silenciosa, pero sus consecuencias pueden afectar profundamente la vida de una persona. Puede llevarla a alejarse de Dios y hacer que aquello que está mal se convierta en algo habitual.
El Señor Jesús vino a deshacer la obra del pecado
La Biblia nos enseña así:
“Mirad cuál caridad nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él. Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no es manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que si él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es. Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él también es limpio. Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; y el pecado es transgresión de la Ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca; cualquiera que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, no os engañe ninguno; el que hace justicia, es justo, como él también es justo. El que hace pecado, es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo; cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su Hermano, no es de Dios” (1 Juan 3:1-10).
Uno de los objetivos del Señor Jesús era deshacer las obras del diablo. Su obra no se limita a transformar las circunstancias externas, sino que busca una verdadera transformación interior y, principalmente, la salvación del alma.
El mayor peligro no está solamente en enfrentar problemas, sino en acostumbrarnos a aquello que nos aleja de Dios.
¿Cómo saber si estamos venciendo el pecado?
Existe una diferencia entre cometer un error y vivir en la práctica del pecado.
Todos tenemos debilidades y podemos equivocarnos. Sin embargo, lo importante es reconocer nuestros errores, corregirlos y abandonar aquello que sabemos que está mal.
El problema comienza cuando justificamos el pecado y continuamos practicándolo sin intención de cambiar.
La decisión debe ser diaria
Seguir a Dios significa elegir hacer Su voluntad cada día, incluso frente a las tentaciones.
La verdadera transformación comienza cuando dejamos de justificar lo que nos aleja de Él y decidimos vivir conforme a Su Palabra.
Reflexione
No basta con decir que creemos en Dios. Nuestra manera de vivir también debe demostrar esa fe.