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El peso de la preocupación

El peso de la preocupación

Cuando nos entregamos a la preocupación, nuestra reacción natural puede ser pensar: “Tengo que trabajar más”, “Tengo que hacer más” o “Yo mismo tengo que resolverlo”.

Pero cuando vivimos únicamente de esa manera, podemos terminar sin tiempo para descansar y, principalmente, sin tiempo para cuidar nuestra relación con Dios.

Trabajar y hacer nuestra parte es necesario, pero también debemos reconocer nuestra dependencia de Él.

Por eso, la Biblia dice lo siguiente: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanosa labor, pues Él da a su amado aun mientras duerme” (Salmos 127:1-2).

Por eso, además de trabajar, debemos orar para que Dios haga aquello que está más allá de nuestras capacidades. Hay situaciones en las que nuestros esfuerzos humanos tienen un límite y necesitamos confiar en Su intervención.

No se conforme con una vida espiritual estancada

Dios nos concede dones y oportunidades, pero necesitamos aprender a reconocerlos y usarlos de acuerdo con Su voluntad.

Cuando una persona vive su vida espiritual de manera relajada, puede dejar de avanzar. Por eso, debemos buscar ser fortalecidos en la fe y enfrentar los problemas con una actitud diferente.

La Biblia nos dice lo siguiente: “Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

En lugar de aceptar la derrota, necesitamos desarrollar una fe que diga:

“No voy a permitir que este problema determine mi vida.”

Busque fortalecer su comunión con Dios, medite en Su Palabra y persevere en oración.

No se conforme con solamente conocer sobre Dios. Busque conocerlo verdaderamente y guarde su corazón en paz, de la misma manera que lo hizo el Señor Jesús.

La Biblia nos dice que la paz de Dios sobrepasa todo entendimiento. Y, si pensamos por un momento en cuando el Señor Jesús fue torturado y llevado a la cruz, aunque sentía dolor y estaba atravesando sufrimiento físico, permaneció firme porque sabía que Su sacrificio no sería en vano.