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¿Dónde acumula tesoros?

¿Dónde acumula tesoros?

¿Cómo se acumulan tesoros en el Cielo?

El Señor Jesús también enseñó:

“No os acumuléis tesoros en la tierra… sino acumulaos tesoros en el cielo” (Mateo 6:19-20).

Aquí surge una pregunta importante:

¿Qué buscábamos antes de conocer a Dios y qué buscamos ahora?

Antes, tal vez la prioridad era conquistar, tener dinero, alcanzar una posición o simplemente satisfacer nuestras propias voluntades.

Pero cuando uno tiene un encuentro con Dios, comienza a renunciar a sus propias voluntades porque su deseo principal pasa a ser agradarlo.

Cuando una persona ama a Dios, también desea convertirse en un buen testimonio y en un instrumento de bendición.

Eso comienza dentro de su propia casa. Uno debe preguntarse si está siendo un instrumento para ayudar a su pareja, a sus hijos y a sus seres queridos.

¿Ha hecho la diferencia?

Cuando escuchamos la Palabra de Dios, primero debemos mirar hacia nosotros mismos.

No debemos pensar únicamente en lo que otra persona necesita cambiar. La fe es individual, y cada uno necesita examinar su propia vida.

Nadie tiene “más Espíritu Santo” que otra persona. Sin embargo, sí existen personas que se entregan más, buscan más y son más disciplinadas con aquello que Dios les enseña.

Acumular tesoros en el Cielo está relacionado con esa entrega.

Es llegar delante de Dios y preguntarle sinceramente:

“Señor, ¿qué quieres de mí?”

¿Por qué quiere prosperar?

Uno también debe analizar sus propias intenciones. Por ejemplo, una persona puede querer prosperar. No hay nada malo en desear una vida mejor o tener cosas buenas.

Pero la pregunta es:

¿Cuál es la intención detrás de esa prosperidad?

¿Será que uno quiere conquistar solamente para sí mismo o desea también usar aquello que recibe para servir a Dios y ayudar a otros?

El problema comienza cuando aquello que debería ser una herramienta termina convirtiéndose en nuestro tesoro.

Algo que debía servir para lo eterno puede fácilmente comenzar a ocupar todo nuestro corazón en la tierra.

Por eso, el propio Señor Jesús dijo que donde esté nuestro tesoro, allí también estará nuestro corazón (Mateo 6:21).

¿Con qué ojos está mirando?

“La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!” (Mateo 6:22-23).

Jesús relaciona este principio con los ojos o, mejor dicho, con la manera en que vemos las cosas.

Esto también nos lleva a reflexionar:

¿Estamos mirando las situaciones con ojos espirituales o solamente con ojos humanos?

Una persona que tiene buenos ojos no desiste inmediatamente de alguien porque cometió un error. En lugar de condenarlo, busca ayudarlo.

Pero cuando uno comienza a mirar con malos ojos, deja de ver las situaciones con santidad y empieza a interpretarlas con malicia, sospecha o juicio.

Por eso, independientemente del tema, siempre debemos regresar a la Palabra de Dios.

Ella nos muestra cómo perdonar, cómo disciplinarnos, dónde colocar nuestro corazón y de qué manera mirar a las personas y las situaciones que están a nuestro alrededor.

Al final, la pregunta que cada uno debe hacerse es:

¿Estoy viviendo según lo que siento o según lo que está escrito?