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La respuesta corta es no. El mal no conoce nuestro corazón ni lo que hay dentro de nosotros. Lo que hace es observar nuestro comportamiento, nuestras preferencias, debilidades e inclinaciones para saber cómo y cuándo atacar.
Por eso, la Biblia dice:
«Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8).
El mal, es decir, el diablo, solo está interesado en una cosa: devorarnos. Nos estudia para conocer nuestra conducta y saber qué tipo de tentaciones puede utilizar contra nosotros.
Por eso, es muy importante estar alerta, reconocer cuáles son nuestras debilidades, resistir las tentaciones y proteger nuestra salvación.
Cuando el Señor Jesús caminó por esta tierra, el diablo intentó tentarlo de muchas maneras para que pecara. Sin embargo, como Él no tenía ninguna inclinación hacia el pecado, ninguna tentación funcionó. El Señor Jesús venció por medio de la Palabra de Dios.
¿Quién conoce el corazón?
Dios conoce nuestro corazón y lo examina. Por eso, la Biblia dice:
«El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón» (1 Samuel 16:7).
El Señor examina nuestras intenciones. La Biblia dice
«Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos…» (Jeremías 17:10).
Aunque Dios conoce nuestro corazón y nuestros pensamientos, Él no nos obliga a cambiar. El Señor no cambia nuestros pensamientos a la fuerza, porque quiere que lo sigamos por amor y no por lo que pueda ofrecernos materialmente.