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¿Cuál es el problema?

¿Cuál es el problema?

¿Será que usted depende de Dios o de sus propias fuerzas?

En algún momento de la vida, todos pasamos por problemas. No estamos hablando de los problemas cotidianos que uno puede resolver fácilmente, sino de aquellos que hacen la vida más difícil de lo que uno esperaba.

Por ejemplo, hay personas que son diagnosticadas con cáncer, una situación mucho más grande que ellas. Es un problema de vida o muerte. Sin embargo, por medio de la fe sobrenatural, muchas logran vencer esa batalla e incluso reciben la oportunidad de vivir una vida completamente diferente a la que tenían antes.

Por eso, la Biblia nos enseña así: «Porque el Señor ha rescatado a Jacob, lo ha redimido de manos más fuertes que él. Vendrán y gritarán de júbilo en lo alto de Sión, y radiarán de gozo por la bondad del Señor: por el grano, por el vino y por el aceite, y por las crías de las ovejas y de las vacas. Su alma será como huerto regado, y nunca más languidecerán» (Jeremías 31:11-12).

Jacob representa a aquellos que, durante mucho tiempo, intentan resolver la vida a su propia manera: personas que luchan, insisten, hacen sus propios planes y toman decisiones sin obedecer lo que Dios ordena. Por eso, terminan sufriendo en manos de aquello que es más fuerte que ellos.

Hay fuerzas que el ser humano no puede vencer con inteligencia, esfuerzo, experiencia o buenas intenciones. Son situaciones que solo Dios puede resolver.

¿Cuál es el verdadero problema?

No son las enfermedades, las pérdidas o las dificultades. El mayor problema es la incredulidad.

Incredulidad. Muchos piensan que esta palabra significa simplemente no creer, pero en realidad significa no dar crédito, principalmente a lo que está escrito.

La incredulidad es uno de los mayores problemas de nuestra naturaleza humana porque, aun conociendo quién es Dios y sus milagros, muchas veces detenemos o, mejor dicho, encadenamos la mayor de las promesas por causa de la incredulidad.

Si el mayor problema es la incredulidad, entonces ¿qué hizo Dios para cambiar esa condición? Él nos redimió.

Redimidos. Esta palabra significa ser comprado. Y nosotros fuimos comprados. El precio fue la sangre de Jesucristo, no la de cualquier persona ni la de un animal. Fue la sangre que Él derramó en la cruz.

Cuando usted da crédito y se entrega a Jesucristo, es lavado por Su sangre, pasa a pertenecerle a Él y comienza a vivir para Él. Por eso, no puede conformarse con una vida limitada sin el Espíritu Santo, que es la mayor de las promesas.

¿Cuál es el siguiente paso para recibir el Espíritu Santo?

Después de ser redimido, la Biblia muestra a Jacob llegando al lugar de la presencia de Dios. Ese lugar representa Sión, el lugar del Altar, de la entrega y de la comunión con Dios.

Sión representa el lugar de la presencia de Dios, el lugar del Altar, de la entrega, de la obediencia y de la transformación. Es allí donde Dios cambia la vida de quien antes era dominado por problemas más grandes que él. Es allí donde Jacob deja atrás el sufrimiento, las pérdidas y el dolor para ser transformado por el mismo Dios.

Así como Jacob, usted debe dar crédito al Altar, entregarse y obedecer para que haya transformación. Así como Jacob, usted debe acercarse al Altar con fe, entregarse a Dios y obedecer Su Palabra (la Biblia).

Jacob, durante mucho tiempo, no buscó depender de Dios, sino que quería hacer todo con sus propias fuerzas. Esa fue la razón por la que le fue mal cada vez que intentó comenzar algo nuevo.

Debemos depender siempre de Dios para que Él continúe redimiéndonos y transformando nuestra vida.

Dios nos bendiga a todos