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Muchos piensan que adorar a Dios tiene que ver con cantar, postrarse físicamente ante Él o asistir a un servicio. Pero eso, por sí solo, no tiene que ver con la verdadera adoración, porque muchos pueden asistir a un servicio y decir palabras bonitas, y eso no significa que tengan comunión con Dios. La adoración tiene que ver con lo que una persona es delante de Dios.
Por eso, la Biblia dice así: “Hermanos míos amados, escuchad: ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para ser ricos en fe y herederos del reino que Él prometió a los que le aman?” (Santiago 2:5). 
Hay quienes piensan que la pobreza es un problema social, pero en realidad no lo es. Nos damos cuenta de esto al observar países que se consideran ricos y donde existen oportunidades de estudio. Sin embargo, aun así existe mucha pobreza. La pobreza, al igual que la adoración, tiene que ver con lo que una persona es delante de Dios.
Lo que uno es delante de Dios lo vemos a través de Abraham: “Entonces Abraham dijo a sus mozos: Quedaos aquí con el asno; yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a vosotros” (Génesis 22:5).
Abraham iba a sacrificar a su único hijo, el que tuvo con su legítima esposa, Sara. Aquí, en este versículo, nos damos cuenta de que él veía este acto como una adoración.
¿Cuándo fue la última vez que usted preguntó: “Dios, ¿qué es lo que quiere de mí?”
Algo que muchos debemos descubrir es que todo lo que Dios pone a nuestra disposición tiene el propósito de acercarnos más a Él y adorarlo. Desafortunadamente, muchos solo quieren usar a Dios o tratarlo como una casa de cambios. Pero eso no es amor, mucho menos adoración. Por eso, es muy importante que cuidemos de nuestra salvación, especialmente en los momentos difíciles.
“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14:26).
Como podemos ver en la vida de Abraham, pudieron surgir dudas cuando Dios le pidió que sacrificara a su hijo. Es en esos momentos cuando Dios viene sobre nosotros por medio del Espíritu Santo y nos recuerda Su Palabra (la Biblia) y Sus promesas. Él siempre nos repite y nos recuerda que lo principal de nuestra vida es la salvación.
Somos salvos delante de Él cuando existe una verdadera adoración. Una adoración que no se basa en palabras vacías, sino en actos de fe conforme a lo que Dios revela.
“Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:13).
Cuando una persona verdaderamente adora a Dios, no solo predica el amor, sino que lo vive.