Noticias | - 10:24 am
¿Qué vas a hacer y cómo vas a seguir adelante cuando tu adversario derrama sobre ti un diluvio de imposibles e improbables?
Hay una inundación por la que toda, si no mucha, de la humanidad está pasando: una en la que vemos las cosas como una imposibilidad; una en la que ni siquiera las vemos como algo que vamos a intentar. Por ejemplo, hay gente que está adicta a las drogas y no se ve teniendo una vida sobria. También hay gente que está pasando por un ciclo de etapas difíciles que no le hallan fin ni salida.
El mal siempre va a derramar todo lo negativo, metiendo en la conciencia que no podemos seguir, que no hay luz.
¿Qué podemos hacer ante tanta disparidad y tanto sufrimiento? ¿Será que no hay salida?
¡Yo quiero tener la fe de Daniel!
Muchos conocen al rey Salomón como uno de los más sabios de la Biblia, y eso puede ser cierto. Pero, argumentalmente, Daniel fue aún más sabio. Él, ante la muerte, las dificultades y las tribulaciones, hizo lo que muchos no hicieron: se lanzó, se aferró y se sostuvo en las Santísimas palabras y en las promesas.
“Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios” (Daniel 2:28).
Cada vez que Daniel pasaba por cualquier dificultad, él se separaba más del mundo para estar aún más cerca de Dios. Él no permitía que lo que derramaba el mal de este mundo lo contaminara.
“Se propuso Daniel en su corazón no contaminarse con los manjares del rey” (Daniel 1:8).
Daniel entendía que había culturas en este mundo que muchos seguían por quien reinaba en él. Pero no permitía que eso entrara en su corazón. En lugar de eso, ayunaba, debilitaba su carne y se separaba para estar más cerca de Él.
Porque él creía con todo su ser en lo que estaba escrito: “Seréis santos para mí… y os he apartado de los pueblos para que seáis míos” (Levítico 20:26).
Daniel creía con toda su existencia que, cuando uno tenía comunión con Dios, era apartado (guardado) por Él. Sabía que, con la santa comunión, todo era posible.
Pruebas y experiencias cercanas a la muerte de Daniel:
Daniel no dejó que el diluvio de este mundo gobernara su fe; al contrario, lo venció todo acercándose más a Él y rechazando las culturas y las “normalidades” de este mundo.
Venza como Daniel y participe en el ayuno de 21 días que comenzó el 3 de mayo y terminará el 24; no es tarde para comenzar.
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