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Lea la Biblia en un año : 149º día

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Deuteronomio 2

Israel en el desierto

»Luego dimos la vuelta y regresamos por el desierto hacia el mar Rojo,[a] tal como el Señor me había indicado y, durante mucho tiempo, anduvimos de un lugar a otro en la región del monte Seir.

»Finalmente el Señor me dijo: “Ya han estado vagando lo suficiente por esta zona montañosa; ahora diríjanse al norte. También da las siguientes órdenes al pueblo: ‘Atravesarán el territorio de sus parientes, los edomitas, los descendientes de Esaú, que viven en Seir. Los edomitas se sentirán amenazados, así que vayan con cuidado. No los molesten, porque yo les he dado como propiedad toda la zona montañosa que rodea el monte Seir, y a ustedes no les daré ni un metro cuadrado de esa tierra. Páguenles por todo el alimento que necesiten para comer y también por el agua para beber. Pues el Señor Dios de ustedes los ha bendecido en todo lo que han hecho. Él les ha cuidado cada paso que han dado por este inmenso desierto. En estos cuarenta años, el Señor su Dios los ha acompañado, y no les ha faltado nada’”.

»Entonces pasamos de largo el territorio de nuestros parientes, los descendientes de Esaú, que viven en Seir. Evitamos el camino que pasa por el valle del Arabá, que sube desde Elat y Ezión-geber.

»Luego, cuando nos dirigimos hacia el norte por la ruta del desierto que atraviesa a Moab, el Señor nos advirtió: “No molesten a los moabitas, descendientes de Lot, ni comiencen una guerra contra ellos. A los moabitas les he dado la ciudad de Ar como propiedad y a ustedes no les daré nada de su tierra”».

10 (Una raza de gigantes conocida como los emitas vivió en una época en la región de Ar. Eran tan fuertes, altos y numerosos como los anaceos, otra raza de gigantes. 11 A los emitas y a los anaceos también se les conoce como refaítas, aunque los moabitas los llaman emitas. 12 Antiguamente los horeos vivían en Seir, pero fueron expulsados y desplazados de esa tierra por los descendientes de Esaú, de la misma manera que Israel expulsó a los habitantes de Canaán cuando el Señor le dio la tierra de ellos).

13 Moisés siguió diciendo: «Entonces el Señor nos dijo: “Pónganse en marcha. Crucen el arroyo Zered”. Así que cruzamos el arroyo.

14 »¡Treinta y ocho años pasaron desde que partimos por primera vez de Cades-barnea hasta que cruzamos finalmente el arroyo Zered! Para entonces, todos los hombres con edad suficiente para ir a la guerra habían muerto en el desierto, tal como el Señor juró que sucedería. 15 El Señor los hirió hasta que todos quedaron eliminados de la comunidad.

16 »Cuando todos los hombres con edad para ir a la guerra murieron, 17 el Señor me dijo: 18 “Hoy cruzarán la frontera con Moab por la ciudad de Ar 19 y entrarán en la tierra de los amonitas, que son descendientes de Lot; pero no los molesten ni comiencen una guerra contra ellos. A los amonitas les he dado el territorio de Amón como propiedad y a ustedes no les daré ninguna parte de la tierra de ellos”».

20 (Antiguamente, a esa región se le consideraba la tierra de los refaítas, porque ellos habían vivido allí, aunque los amonitas los llamaban zomzomeos. 21 También eran fuertes, altos y numerosos como los anaceos. Pero el Señor destruyó a los refaítas para que los amonitas se apoderaran de la tierra de ellos. 22 Lo mismo hizo por los descendientes de Esaú, que vivían en Seir, pues destruyó a los horeos para que los de Esaú pudieran establecerse allí. Los descendientes de Esaú viven en esa tierra hasta el día de hoy. 23 Algo parecido sucedió cuando los caftoritas de Creta[b] invadieron y destruyeron a los aveos, que habían vivido en aldeas en la región de Gaza).

24 Moisés siguió diciendo: «Entonces el Señor dijo: “¡Pónganse en marcha! Crucen el valle del Arnón. Miren, les voy a entregar al amorreo Sehón, rey de Hesbón, y también a su tierra. Atáquenlo y comiencen a apoderarse de su territorio. 25 A partir de hoy, haré que los pueblos de toda la tierra sientan terror a causa de ustedes. Cuando oigan hablar de ustedes, temblarán de espanto y de miedo”».

Victoria sobre Sehón, rey de Hesbón

26 Moisés siguió diciendo: «Desde el desierto de Cademot mandé embajadores a Sehón, rey de Hesbón, con la siguiente propuesta de paz:

27 “Permítanos atravesar su territorio. Nos quedaremos en el camino principal y no nos desviaremos por los campos ni a un lado ni al otro. 28 Véndanos alimentos para comer y agua para beber, y le pagaremos. Solo queremos permiso para pasar por su territorio. 29 Los descendientes de Esaú, que viven en Seir, nos permitieron pasar por su tierra, y lo mismo hicieron los moabitas, que viven en Ar. Déjenos pasar hasta que crucemos el Jordán y lleguemos a la tierra que el Señor nuestro Dios nos da”.

30 »Pero Sehón, rey de Hesbón, no nos permitió cruzar, porque el Señor Dios de ustedes hizo que Sehón se pusiera terco y desafiante, a fin de ayudarlos a derrotarlo, tal como lo hizo.

31 »Así que el Señor me dijo: “Mira, he comenzado a entregarte al rey Sehón y a su tierra. Empieza ya a conquistar y a poseer su territorio”.

32 »Entonces el rey Sehón nos declaró la guerra y movilizó sus fuerzas en Jahaza. 33 Sin embargo, el Señor nuestro Dios lo entregó en nuestras manos, y lo aplastamos a él, a sus hijos y a todo su pueblo. 34 Conquistamos todas sus ciudades y los destruimos a todos por completo:[c] hombres, mujeres y niños. No dejamos a nadie con vida. 35 Nos llevamos todo su ganado como botín, junto con todas las cosas de valor que había en las ciudades que saqueamos.

36 »El Señor nuestro Dios también nos ayudó a conquistar Aroer, que está al límite del valle del Arnón, al igual que la aldea situada en el valle junto con todo el territorio que se extiende hasta Galaad. Ninguna ciudad tenía murallas lo suficientemente fuertes para detenernos. 37 Sin embargo, evitamos pasar por la tierra de los amonitas, a lo largo del río Jaboc, y también por las ciudades de la zona montañosa, o sea todos los lugares que el Señor nuestro Dios nos ordenó no tocar.\

Salmos 83 y 84

Un cántico. Salmo de Asaf.

83 ¡Oh Dios, no guardes silencio!
    No cierres tus oídos;
    no te quedes callado, oh Dios.
¿No oyes el alboroto que hacen tus enemigos?
    ¿No ves que tus arrogantes adversarios se levantan?
Inventan intrigas astutas contra tu pueblo;
    conspiran en contra de tus seres preciados.
«Vengan—dicen—, exterminemos a Israel como nación;
    destruiremos hasta el más mínimo recuerdo de su existencia».
Efectivamente, esta fue su decisión unánime.
    Firmaron un tratado de alianza en tu contra:
los edomitas y los ismaelitas;
    los moabitas y los agarenos;
los giblitas, los amonitas y los amalecitas;
    y los habitantes de Filistea y de Tiro.
Asiria también se unió a ellos
    y se alió con los descendientes de Lot. Interludio

Haz con ellos lo mismo que hiciste con los madianitas
    y como hiciste también con Sísara y con Jabín en el río Cisón.
10 Fueron destruidos en Endor,
    y sus cadáveres en descomposición fertilizaron la tierra.
11 Que sus poderosos nobles mueran como murieron Oreb y Zeeb;
    que todos sus príncipes mueran como Zeba y Zalmuna,
12 porque dijeron: «¡Vamos a apoderarnos de estos pastizales de Dios
    y a usarlos para nuestro beneficio!»
13 ¡Oh mi Dios, espárcelos como a arbustos que ruedan,
    como a paja que se lleva el viento!
14 Así como el fuego quema un bosque
    y una llama incendia las montañas,
15 persíguelos con tu tormenta feroz;
    atérralos con tu tempestad.
16 Desacredítalos por completo
    hasta que se sometan a tu nombre, oh Señor.
17 Que sean avergonzados y aterrorizados para siempre;
    que mueran en deshonra.
18 Entonces aprenderán que solo tú te llamas el Señor,
    que solo tú eres el Altísimo,
    supremo sobre toda la tierra.

Para el director del coro: salmo de los descendientes de Coré; acompáñese con instrumento de cuerda.[a]

84 ¡Qué bella es tu morada,
    oh Señor de los Ejércitos Celestiales!
Anhelo y hasta desfallezco de deseo
    por entrar en los atrios del Señor.
Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma,
    gritaré con alegría al Dios viviente.
Hasta el gorrión encuentra un hogar
    y la golondrina construye su nido y cría a sus polluelos
cerca de tu altar,
    ¡oh Señor de los Ejércitos Celestiales, mi Rey y mi Dios!
¡Qué alegría para los que pueden vivir en tu casa
    cantando siempre tus alabanzas! Interludio

¡Qué alegría para los que reciben su fuerza del Señor,
    los que se proponen caminar hasta Jerusalén!
Cuando anden por el Valle del Llanto,[b]
    se convertirá en un lugar de manantiales refrescantes;
    las lluvias de otoño lo cubrirán de bendiciones.
Ellos se harán cada vez más fuertes,
    y cada uno se presentará delante de Dios en Jerusalén.[c]

Oh Señor Dios de los Ejércitos Celestiales, oye mi oración;
    escucha, oh Dios de Jacob. Interludio

¡Oh Dios, mira con favor al rey, nuestro escudo!
    Muestra bondad a quien has ungido.

10 Un solo día en tus atrios
    ¡es mejor que mil en cualquier otro lugar!
Prefiero ser un portero en la casa de mi Dios
    que vivir la buena vida en la casa de los perversos.
11 Pues el Señor Dios es nuestro sol y nuestro escudo;
    él nos da gracia y gloria.
El Señor no negará ningún bien
    a quienes hacen lo que es correcto.
12 Oh Señor de los Ejércitos Celestiales,
    ¡qué alegría tienen los que confían en ti!

Isaías 30

La alianza inútil entre Judá y Egipto

30 »Qué aflicción les espera a mis hijos rebeldes
    —dice el Señor—.
Ustedes hacen planes contrarios a los míos;
    hacen alianzas que no son dirigidas por mi Espíritu,
    y de esa forma aumentan sus pecados.
Pues sin consultarme,
    bajaron a Egipto en busca de ayuda;
pusieron su confianza en la protección del faraón
    y trataron de esconderse bajo su sombra.
Pero por confiar en el faraón serán humillados,
    y por depender de él, serán avergonzados.
Pues, aunque el poder del faraón se extiende hasta Zoán,
    y sus funcionarios han llegado a Hanes,
todos los que confíen en él serán avergonzados.
    Él no los ayudará;
    todo lo contrario, los avergonzará».

Este es el mensaje que recibí con respecto a los animales del Neguev:

La caravana se mueve lentamente
    a través del terrible desierto hacia Egipto
—burros cargados de riquezas
    y camellos cargados de tesoros—
    para pagar por la protección de Egipto.
Viajan a través del desierto,
    lugar de leonas y leones,
    lugar donde viven las víboras y las serpientes venenosas.
A pesar de todo esto, Egipto no les dará nada a cambio.
    ¡Las promesas de Egipto no sirven para nada!
Por lo tanto, lo llamaré Rahab,
    el dragón inofensivo.[a]

Advertencia para la rebelde Judá

Ahora ve y escribe estas palabras;
    escríbelas en un libro.
Así quedarán hasta el fin de los tiempos
    como testigo
de que este es un pueblo rebelde y terco
    que se niega a hacer caso a las instrucciones del Señor.
10 Les dicen a los videntes:
    «¡Dejen de ver visiones!».
Les dicen a los profetas:
    «No nos digan lo que es correcto.
Dígannos cosas agradables;
    cuéntennos mentiras.
11 Olvídense de toda esta tristeza;
    apártense de su senda estrecha.
Dejen de hablarnos acerca del
    “Santo de Israel”».

12 Esta es la respuesta del Santo de Israel:

«Dado que ustedes desprecian lo que les digo
    pero más bien confían en la opresión y en las mentiras,
13 la calamidad caerá sobre ustedes de repente,
    como una pared pandeada que explota y se cae.
En un instante, se desplomará
    y se derrumbará.
14 Ustedes serán aplastados como una vasija de barro,
    hechos añicos de una manera tan completa
que no habrá un pedazo lo suficientemente grande
    para llevar los carbones de una hoguera
    ni un poco de agua del pozo».

15 Esto dice el Señor Soberano,
    el Santo de Israel:
«Ustedes se salvarán solo si regresan a mí
    y descansan en mí.
En la tranquilidad y en la confianza está su fortaleza;
    pero no quisieron saber nada de esto.
16 “No—dijeron ustedes—, nuestra ayuda vendrá de Egipto;
    ellos nos darán caballos veloces para entrar en batalla”.
Sin embargo, la única velocidad que verán
    ¡será la de sus enemigos dándoles caza!
17 Uno de ellos perseguirá a mil de ustedes
    y cinco de ellos los harán huir a todos.
Quedarán como un asta de bandera solitaria sobre una colina
    o como un estandarte hecho jirones en la cima de un monte lejano».

Bendiciones para el pueblo de Dios

18 Así que el Señor esperará a que ustedes acudan a él
    para mostrarles su amor y su compasión.
Pues el Señor es un Dios fiel.
    Benditos son los que esperan su ayuda.

19 Oh pueblo de Sion, que vives en Jerusalén,
    ya no llorarás más.
Él será compasivo si le pides ayuda;
    sin ninguna duda, él responderá a los clamores.
20 Aunque el Señor te dio a comer adversidad
    y a beber sufrimiento,
él seguirá contigo a fin de enseñarte;
    verás a tu maestro con tus propios ojos.
21 Tus oídos lo escucharán.
    Detrás de ti, una voz dirá:
«Este es el camino por el que debes ir»,
    ya sea a la derecha o a la izquierda.
22 Entonces destruirás todos tus ídolos de plata
    y tus valiosas imágenes de oro.
Los desecharás como trapos sucios,
    y les dirás: «¡Adiós y hasta nunca!».

23 Entonces el Señor te bendecirá con lluvia durante el tiempo de la siembra. Habrá cosechas maravillosas y muchos pastizales para tus animales. 24 Los bueyes y los burros que cultivan los campos comerán buen grano, y el viento llevará la paja. 25 En aquel día, cuando tus enemigos sean masacrados y caigan las torres, descenderán corrientes de agua de cada monte y colina. 26 La luna será tan resplandeciente como el sol, y el sol brillará siete veces más, como la luz de siete días en uno solo. Así será cuando el Señor comience a sanar a su pueblo y a curar las heridas que le hizo.

27 ¡Miren! El Señor viene desde muy lejos,
    ardiendo de enojo,
    rodeado de un humo espeso que sube.
Sus labios están llenos de furia;
    sus palabras consumen como el fuego.
28 Su ardiente aliento fluye como una inundación
    hasta el cuello de sus enemigos.
Él zarandeará a las naciones soberbias para destrucción;
    les pondrá el freno en la boca y las llevará a la ruina.

29 Sin embargo, el pueblo de Dios entonará una canción de alegría,
    como los cantos de los festivales sagrados.
Estarás lleno de alegría,
    como cuando un flautista dirige a un grupo de peregrinos
a Jerusalén, el monte del Señor,
    a la Roca de Israel.
30 Y el Señor hará oír su majestuosa voz
    y demostrará la fuerza de su brazo poderoso.
Descenderá con llamas consumidoras,
    con aguaceros, con tormentas eléctricas y enormes granizos.
31 Por orden del Señor, los asirios serán destrozados;
    los herirá de muerte con su cetro real.
32 Y cuando el Señor los golpee con su vara de castigo,[b]
    su pueblo celebrará con arpas y panderetas.
    Él levantará su brazo poderoso y peleará contra los asirios.
33 Tofet, el lugar de incineración,
    hace tiempo que está preparado para el rey asirio;
    la pira tiene un gran montón de leña.
El aliento del Señor, como fuego de volcán,
    la encenderá.