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¿Qué está haciendo por su alma?

¿Qué está haciendo por su alma?

¿De qué sirve conquistar todo lo que deseamos si, al final, descuidamos lo más importante: nuestra salvación?

«Uno de la multitud le dijo: Maestro, dile a mi hermano que divida la herencia conmigo. Pero Él le dijo: ¡Hombre! ¿Quién me ha puesto por juez o árbitro sobre vosotros?» (Lucas 12:13-14).

Aquí encontramos a un hombre que se acercó al Señor Jesús para pedirle que interviniera en un problema relacionado con una herencia. Sin embargo, en lugar de resolver su situación, Jesús le respondió con una pregunta.

Pero ¿por qué reaccionó de esa manera?

Porque el Señor Jesús conocía las intenciones de su corazón. Aquel hombre buscaba una solución a su problema material, pero no necesariamente estaba interesado en conocerlo a Él.

El Señor Jesús no solamente escucha nuestras palabras, sino que también conoce las intenciones de nuestro corazón.

¿Qué ocupa el primer lugar?

«Y les dijo: Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes» (Lucas 12:15).

El ser humano suele preocuparse por conquistar una mejor situación económica, adquirir propiedades, tener un buen trabajo y disfrutar de las comodidades de la vida.

Y no hay nada de malo en desear una vida mejor o disfrutar de las bendiciones materiales.

El problema no está en tener riquezas, sino en permitir que lo material ocupe el primer lugar en nuestro corazón.

Para explicar esta enseñanza, el Señor Jesús contó la siguiente parábola:

«También les refirió una parábola, diciendo: La tierra de cierto hombre rico había producido mucho. Y pensaba dentro de sí, diciendo: “¿Qué haré, ya que no tengo dónde almacenar mis cosechas?”. Entonces dijo: “Esto haré: derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes, y allí almacenaré todo mi grano y mis bienes. Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete”» (Lucas 12:16-19).

Aquel hombre había acumulado tantas riquezas que pensaba que podía descansar y disfrutar de muchos años de tranquilidad.

Sin embargo, había algo que no estaba considerando: su alma.

Había dedicado tiempo a preparar su futuro material, pero ¿qué estaba haciendo por su vida espiritual?

Esta parábola nos lleva a reflexionar sobre nuestras propias prioridades. No está mal trabajar, prosperar o hacer planes para el futuro, pero debemos tener cuidado de no descuidar nuestra relación con Dios mientras buscamos alcanzar nuestras metas.

Porque, al final, no se trata solamente de cuánto hemos conquistado, sino de qué lugar ocupa Dios en nuestro corazón.

Y usted, ¿está haciendo provisiones únicamente para esta vida o también está cuidando su alma?