Noticias | - 4:20 pm
Te sientes débil. La energía está baja. Hay un vacío inexplicable que te gruñe. Y sientes una falta de nutrición. El hambre es la manera natural en que el cuerpo señala que necesita comida para funcionar.
Pero hay un hambre que no es natural, que viene de nuestra alma: una necesidad, un vacío que sentimos, incluso una tristeza profunda que no entendemos.
La Biblia nos dice así: “Enviaré hambre sobre la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír las palabras del Señor” (Amós 8:11).
A muchos se nos olvida que no solo estamos hechos de carne y hueso, sino también de espíritu.
“Formó… al hombre del polvo… y sopló en su nariz aliento de vida…” (Génesis 2:7).
¿Será que hay un alimento que se nos olvida consumir?
Si analizamos los dos versículos, nos damos cuenta de que hay un hambre que ignoramos y que nuestra alma siente. Se manifiesta a través de ansiedad, tristeza, un vacío interno y depresión. No solo es al cuerpo físico que debemos alimentar.
Parte de esa alimentación es escuchar la Palabra de Dios. Es acercarse a la Palabra de Dios. De eso hablaba el profeta Jeremías cuando escribió así, inspirado por Dios:
“Cuando se presentaban tus palabras, yo las comía;
tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón,
porque se me llamaba por tu nombre,
oh Señor” (Jeremías 15:16).
El gozo y la alegría que él sentía eran su alma siendo fortalecida por Dios, alimentada por Su Palabra y por Su Santo Nombre.
Otra señal de que la Palabra de Dios (la Biblia) es nuestro pan verdadero es la oración del Padre Nuestro, como nos enseñó a orar el Señor Jesús.
El Señor Jesús dijo así: “Danos hoy el pan nuestro de cada día” (Mateo 6:11).
Es el pan de cada día; es alimento espiritual que viene de la Biblia. Es algo que necesita nuestra alma, de la misma manera que nuestro cuerpo físico necesita comida para sobrevivir; nuestra alma también lo necesita diariamente.