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Obedecer y perdonar

Obedecer y perdonar

La historia del hombre de Dios y del profeta anciano, relatada en 1 Reyes 13, presenta dos enseñanzas principales: el perdón hacia quienes practican el mal y la obediencia a la Palabra de Dios por encima de cualquier otra orientación.

A lo largo del pasaje, también podemos ver cómo las actitudes revelan lo que existe en el interior de cada persona.

Quien es de Dios desea el bien incluso a sus enemigos

Enviado por Dios a Betel, el hombre de Dios profetizó contra el altar levantado por el rey Jeroboam. Ante esto, el rey ordenó que lo arrestaran. Sin embargo, cuando extendió su mano contra el siervo de Dios, esta se secó.

Jeroboam entonces pidió que el hombre de Dios rogara al Señor por su recuperación. Incluso después de haber sido amenazado, él oró por el rey y su mano fue restaurada.

Este ejemplo muestra que quien es de Dios no alimenta el deseo de venganza, sino que decide perdonar, hacer el bien y orar incluso por aquellos que le desean el mal.

Por eso, el Señor Jesús enseñó:

“Pero Yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.” (Mateo 5:44)

Por eso, es importante que cada persona evalúe sus propias actitudes, especialmente frente a quienes la han herido o perjudicado.

Ninguna voz está por encima de la Palabra de Dios

A pesar de haber demostrado misericordia, posteriormente el hombre de Dios cometió un error decisivo. Dios había determinado que no comiera pan, no bebiera agua y no regresara por el mismo camino.

Sin embargo, un profeta anciano afirmó que un ángel le había dado una orientación diferente. El hombre de Dios le creyó y desobedeció la orden que había recibido directamente de Dios.

El pasaje deja una advertencia importante: ninguna persona, opinión u orientación debe ocupar el lugar de la Palabra de Dios.

Cuando se trata de la Palabra de Dios, no podemos colocar ninguna otra voz por encima de aquello que Él ya ha dicho.