Noticias | - 4:39 pm
Muchas veces, cuando se habla de entrega, muchos la ven como algo religioso o como si uno fuera a perderlo todo. Pero la entrega se define por la obediencia y por dejar la propia voluntad a un lado para hacer la voluntad de Dios.
La obediencia es algo tan importante que, en la Biblia, es considerada mejor que el sacrificio.
“El obedecer es mejor que un sacrificio…” (1 Samuel 15:22).
La entrega o la obediencia no se trata de dejarlo todo atrás, sino de dejar aquello que sea necesario o, mejor dicho, lo que no nos beneficia.
Hay cosas en el mundo que pueden parecer buenas, pero que en realidad traen destrucción a nuestro interior y nos apartan de Dios.
El mayor ejemplo de esta entrega fue el Señor Jesús. Por eso, la Biblia dice lo siguiente: “Padre mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras” (Mateo 26:39).
Estos fueron momentos antes de Su sacrificio en la cruz. Él no estaba dudando. Expresó lo que sentía, pero decidió hacer la voluntad de Dios Padre por encima de la Suya. Antes de hacer Su sacrificio, tuvo que obedecer para hacer lo que Dios quería.
Es por medio de esta entrega y obediencia que podemos vivir lo que está escrito: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí…” (Gálatas 2:20).
Sin embargo, si uno no se entrega, no puede recibir la transformación de la cruz. El Señor Jesús no puede habitar dentro de nosotros a través del Espíritu Santo si nuestra propia voluntad continúa ocupando el primer lugar.
Si lo piensa, puede ser porque aún no ha hecho lo principal: entregarse.