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¿Por qué dudamos de nuestra fe?
Todos, o al menos muchos de nosotros, tenemos el deseo de experimentar un cambio o una transformación. Por ejemplo, cuando una persona estudia una carrera profesional, pone toda su atención en comprender lo que necesita aprender para ejercerla. No recibe lo que estudia simplemente como información, sino como una herramienta necesaria para alcanzar su objetivo.
En la fe sucede lo mismo. Uno no puede simplemente recibir la Palabra de Dios como información, sino como una enseñanza capaz de transformar toda su vida. Su Palabra tiene tanto poder que, si una persona se encuentra espiritualmente débil o fría, al recibirla puede encontrar las fuerzas necesarias para levantarse.
Por eso, todo está en la disposición. Cuanto más dispuesta esté una persona a escuchar y meditar en la Palabra de Dios y a permitir que esta influya en su vida, más podrá ver Sus promesas y milagros cumplirse. Es importante acercarnos a Dios con atención, reverencia y el deseo sincero de aprender.
Aquí surge la primera pregunta: ¿Qué significa ser un verdadero discípulo?
La Biblia dice así:
“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. Cuando le vieron, le adoraron; mas algunos dudaron. Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:16-20).
Un discípulo es una persona que vive para atender y cumplir los planes de Dios. No busca a Dios únicamente para resolver sus problemas, sino que procura vivir de acuerdo con Su voluntad y Sus propósitos. El verdadero discípulo renuncia a sus propios deseos cuando estos se oponen a la voluntad de Dios. Su vida refleja una diferencia en su comportamiento, sus decisiones y su manera de enfrentar las dificultades.
Aquí hay un punto muy importante: los discípulos habían acompañado a Jesús y presenciado Sus milagros. Sin embargo, aun después de Su resurrección, algunos todavía dudaron, incluso al verlo. Esto demuestra que presenciar milagros no significa necesariamente tener una fe completamente desarrollada.
Esto nos da a entender que la fe no depende de las experiencias del pasado, sino que necesita fortalecerse continuamente.
Una de las razones por las que podemos dudar es porque nuestra fe todavía necesita desarrollarse. Aunque hayamos visto el poder de Dios en el pasado, cuando enfrentamos nuevas dificultades podemos permitir que las circunstancias influyan en nuestra confianza en Él. Por eso, es importante fortalecer nuestra fe para no depender solamente de lo que vemos o sentimos.
La fe exige una decisión, no solamente emociones
En los versículos anteriores, Jesús declaró que toda autoridad le había sido dada en el cielo y en la tierra, y después envió a Sus discípulos a cumplir Su misión.
Esto nos enseña que la fe bíblica no debe estar condicionada por las emociones o las circunstancias, porque, si hay algo seguro, es que seguir a Jesús requiere una decisión firme.
Precisamente por eso, cuando enfrentamos dudas, necesitamos decidir si vamos a permitir que las circunstancias debiliten nuestra confianza en Dios o si permaneceremos firmes en Su Palabra. La fe no consiste solamente en creer cuando todo marcha bien, sino también en confiar cuando las cosas se vuelven difíciles.
Es necesario tener determinación para permanecer fiel, incluso cuando aparecen las dificultades. Además, la entrega a Dios no debe limitarse a los momentos en los que todo está bien.
Volvamos al ejemplo del comienzo: hay personas que enfrentan grandes dificultades y hacen sacrificios para alcanzar sus objetivos o terminar una carrera profesional. Aquí hay un detalle importante: si una persona puede demostrar tanta determinación para alcanzar algo material, también debe desarrollar esa misma determinación en su vida espiritual.
Ser discípulo no consiste solamente en decir que seguimos a Jesús, sino en demostrarlo mediante nuestra conducta. Es así como podemos superar las dudas y permanecer firmes en nuestra fe.