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¡Cortar lo necesario!

¡Cortar lo necesario!

¿Estamos cortando de nuestra vida lo que realmente deberíamos cortar?

Hay un dicho muy antiguo que dice que, a veces, tenemos que aprender a amar aquello que nos hace bien. Por ejemplo, hay personas a las que no les gusta tomar agua. Tal vez no les gusta el sabor o exista otra razón, pero, aun así, el agua le hace bien al cuerpo y tiene muchos beneficios. Sin embargo, algunas personas la eliminan de su rutina y, en lugar de tomar agua, consumen otras bebidas que no les benefician y que, con el tiempo, pueden afectar su salud.

Esto mismo estaba sucediendo con el pueblo de Israel cuando la Biblia dice lo siguiente: “¿No ha sido cortado el alimento delante de nuestros ojos, la alegría y el regocijo de la casa de nuestro Dios?” (Joel 1:16).

El pueblo estaba atravesando pobreza, devastación, pérdidas y una crisis económica. Es más, había plagas que habían destruido sus recursos.

Como consecuencia de todo lo que estaban pasando, comenzaron a cortar las ofrendas y todo aquello relacionado con la casa de Dios. Es decir, cuando vieron que las cosas se pusieron difíciles, cortaron aquello que les traía un bien.

Pero el versículo no solo menciona los alimentos o, mejor dicho, lo material que fue cortado, sino también la alegría y el regocijo.

¿Qué sucede cuando uno quita lo espiritual de su vida?

También comienza a perder aquello que le trae un bien espiritual, como la paz, la esperanza y la alegría. Puede llegar a ser tan profundo que uno pierde hasta las fuerzas para seguir adelante. Hay decisiones que parecen pequeñas, pero con el tiempo pueden afectar mucho más de lo que imaginamos.

¿Qué significa “cortar”?

Cortar significa separar algo de nosotros. Cuando cortamos algo, normalmente es porque queremos alejarnos, eliminarlo o evitar que siga teniendo influencia sobre nuestra vida. Por ejemplo, podemos cortar gastos, relaciones o ciertos hábitos.

Pero tenemos que entender que hay cosas que necesitan ser cortadas y otras que no. A veces, lo que sucede es que eliminamos aquello que nos hace bien y mantenemos precisamente lo que nos está perjudicando.

Un buen ejemplo de esto sucede cuando tenemos un problema familiar y cortamos la comunicación con esa persona. Pero eso no soluciona nada y, muchas veces, empeora aún más la situación.

Por eso, la Biblia también nos enseña que hay cosas que sí debemos quitar de nuestra vida:

“…despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve…” (Hebreos 12:1).

En lugar de cortar algo impulsivamente o sin pensarlo, hay que evaluar qué es lo que realmente debemos cortar de nuestra vida.