Noticias | - 3:08 pm
Todos pasamos por problemas o dificultades. Por ejemplo, hay personas que enfrentan enfermedades, problemas económicos y dificultades familiares. Pero, a veces, el problema no es específicamente la dificultad que estamos atravesando, porque muchos saben cómo superarla. El verdadero problema, a veces, es que la persona vive dentro del problema y, en lugar de rechazarlo o reprenderlo, decide prestarle más atención de la necesaria.
Por ejemplo, cuando una persona recibe un diagnóstico difícil, puede comenzar a dejar que ese problema ocupe toda su atención y afecte su manera de enfrentar la situación. Se queda en cama, se desanima y no quiere moverse mucho, mientras el problema termina ocupando cada vez más espacio en su mente.
Y se entiende que hay cosas que no se pueden evitar, pero eso no significa que uno tenga que decaerse tanto o vivir atrapado en ese problema.
Es por esa razón que el Señor Jesús enseñó:
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Principalmente, Dios habla por medio de Su Palabra, que es la Biblia. Pero, a veces, Él también nos habla de otras maneras. Antes de explicarlo, usted debe entender que el Señor no provoca las dificultades ni las situaciones, pero sí permite que uno las atraviese.
Las situaciones de las que se está hablando pueden llevar a la persona a detenerse, reflexionar y reconocer su necesidad de Dios. Muchos no buscan a Dios por amor, sino porque se encuentran en medio de una dificultad. Ahí está el detalle: uno debe abrir la puerta para encontrar en Dios las respuestas y soluciones que busca en su mente y en su corazón.
¿Por qué muchas personas aún no han escuchado Su voz?
Porque simplemente no quieren hacer lo que dice la Palabra: oír. El “oye” del que habla el versículo significa estar dispuesto a obedecer. No basta con conocer Su Palabra, escuchar una prédica y saber qué hacer. Muchos ya saben estas cosas; el punto es obedecer.
¿Cuál es la puerta que uno tiene que abrir?
La puerta de la que se está hablando es la que uno tiene frente a su corazón. El Señor Jesús no va a abrir esta puerta a la fuerza. Él no impone ni obliga a nadie a aceptar Su voluntad. Él respeta la decisión de la persona, y abrir la puerta tiene que ser una decisión personal.
¿Qué abre la puerta de su corazón?
Uno tiene que hacer lo mismo que hizo Job: humillarse ante Él. Aunque usted no sepa qué decir, puede decir: “Señor, no sé lo que hice mal, pero me arrepiento”.
La actitud de humillarse, arrepentirse, abandonar el pasado, reconocer los errores y aceptar que Dios lo guíe es lo que abre la puerta de su corazón y permite que el Señor Jesús entre en su vida.
Cuando Él entra en la historia, Él cambia la historia. Esto no significa que las situaciones difíciles vayan a desaparecer, sino que uno podrá vencerlas enfrentándolas con su propia fe, que es la fe en Jesús.
“Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21).
Siempre va a haber varias voces compitiendo por su atención, pero es ahí donde uno debe reconocer la voz de su Señor y seguirla.