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Cómo proceder
Se ha destacado un propósito que no solo es simbólico, sino una actitud práctica de fe. La orientación es así: todos los días, por la mañana, antes de salir de casa, cada persona debe ungir su cabeza con aceite, presentando a Dios la petición por la promesa del Padre: el Espíritu Santo.
Además, se enfatizó que esta búsqueda debe comenzar de manera individual. Es decir, antes de pensar en los demás, es necesario cuidar la propia vida espiritual.
El significado espiritual del propósito
Al explicar el fundamento bíblico, se recordó la experiencia de los discípulos después de la resurrección de Jesús. En ese momento, cerca de 500 personas recibieron la instrucción de esperar la promesa. Sin embargo, solo 120 permanecieron firmes hasta el final, y fueron precisamente ellos quienes recibieron el Espíritu Santo.
A partir de esto, queda una enseñanza clara: no todos los que comienzan permanecen, pero los que perseveran viven la promesa.
Por lo tanto, el propósito de los 50 días representa más que una cuenta en el calendario; es una jornada de perseverancia, fe y decisión.
El Espíritu Santo: presencia constante
Otro punto importante es la diferencia entre tener a Dios al lado y tenerlo dentro de uno. Mientras Jesús estuvo en la Tierra, caminaba al lado de los discípulos. Pero, después de Su ascensión, envió al Consolador para habitar dentro de quienes creen.
De esta manera, esta presencia elimina el miedo, fortalece la fe y da dirección en todo momento, ya sea en casa, en el trabajo o en cualquier lugar.
Unidad de fe en todo el mundo
Además, el propósito no está limitado a una denominación específica. El llamado es para todos los que forman parte de la fe cristiana, sin importar la iglesia a la que asistan.
Todos en una sola fe, en un solo espíritu y en un solo corazón, para reforzar la importancia de la unidad espiritual durante este período.
Más que emoción, una decisión
Algo que debe quedar claro es que el Espíritu Santo no actúa por emoción, sino por una entrega total.
Un llamado a la práctica de la fe
Por lo tanto, el propósito continúa como una invitación abierta: quien cree, practica; quien desea, persevera.
A lo largo de estos 50 días, la propuesta es sencilla: buscar diariamente, con fe y disciplina, la presencia del Espíritu Santo.
Así, más que recordar el Pentecostés, la invitación es vivirlo en la práctica, permitiendo que cada persona experimente, de manera real, la transformación que viene de lo alto.
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