Noticias | - 6:32 pm


¿Sigue siendo un cuento?

¿Sigue siendo un cuento?

¿Cuándo deja la historia de ser un cuento?

Todos queremos estar con alguien, encontrar a aquella persona de la que uno pueda decir: “esto es mío”. Pero, en la búsqueda de esa persona, a veces nos aferramos a la idea de querer una gran historia de amor y romance. Todos conocemos esa historia: una persona conoce a alguien, todos están en contra de que estén juntos, y los enamorados luchan contra todo para poder estar juntos porque sienten que es su destino, que fueron hechos el uno para el otro.

¿Qué sucede cuando esa historia deja de ser un cuento de romance?

Una perspectiva humana

Hay una historia famosa de sabiduría denominada el Ave y el Pez. La historia cuenta que un ave y un pez un día se enamoraron. Un amor raro, de esos que nadie entiende, pero que ellos sentían como destino. El ave siempre lo miraba desde el cielo; el pez la buscaba desde el fondo del mar. El ave intentó respirar bajo el agua. El pez trató de volar. El ave quiso hundirse más de lo que podía, y el pez quiso subir más de lo que su cuerpo resistía. Y en esa guerra silenciosa, ambos fueron dañándose a sí mismos, solo por no perderse el uno al otro, porque se amaban. Pero el amor no fue suficiente, porque ninguno podía vivir en el ambiente del otro sin morir un poco cada vez.

Es ahí donde la historia deja de ser un cuento y se convierte en una realidad objetiva.

Muchos hemos pasado por esto: nos gusta alguien, pero venimos de ambientes distintos y, aunque uno trate de vivir en el mundo del otro, termina muriendo un poco o sintiendo que se pierde en el ambiente de la otra persona, al punto de ya no reconocerse.

¿Cómo nos dice Dios que deberíamos buscar pareja?

Lo que la Biblia nos enseña

“No se unan en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14).

Al igual que en la historia de sabiduría, la Palabra de Dios (la Biblia) nos enseña lo mismo. Cuando buscamos a alguien para comenzar una relación, debemos tener la misma fe, la misma rectitud y la misma comunión con Dios. Es necesario buscar el yugo igual en la futura pareja, para que no haya desorden.

Todos queremos ese romance, algo que nos brinde satisfacción emocional. Pero ¿será que eso es solo una idea? Es muy diferente que nos guste alguien por la idea que tenemos de esa persona a que sea la persona correcta que debe estar a nuestro lado.

Cuando nos gusta alguien solo por la idea que tenemos, terminamos viviendo en tinieblas. Esto sucede porque ambos no comparten la misma fe ni vienen del mismo ambiente. Y si uno decide alejarse de esa persona, sí, pasará por un momento de tristeza; pero es mejor un momento de dolor que pasar años tratando de convencer a alguien de algo que simplemente no quiere creer.

Si no se aleja, solo le va a doler más.

El cuento de romance siempre tiene su fin, pero cuando deja de ser una historia y se convierte en una realidad —donde uno tiene que lidiar con esa persona todos los días— eso es otra cosa. Ahí es donde uno verdaderamente es probado para ver si la idea de destino es una realidad.

Es mejor conocerse bien, ser amigos y ver si ambos creen y tienen el mismo yugo, porque es ahí donde la relación se convierte en una bendición fructífera.