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“Si el amor, cuesta… ahí no es.”

“Si el amor, cuesta… ahí no es.”

El proceso de amar es hermoso y transformador, chicas, ¿saben? Es un privilegio conocer a alguien a un nivel que pocas personas alcanzan: ver su lado más tierno, pero también sus complejidades, sus luchas internas, y esos rincones que solo se muestran cuando hay verdadera confianza. Al principio, el amor empieza con la atracción, un interés que puede ser físico, emocional, o ambos. Luego viene la conexión, esa chispa que nos lleva a compartir pensamientos, sueños y vulnerabilidades, y a sentirnos seguras al hacerlo. Con el tiempo, esa conexión puede profundizarse, transformándose en un afecto más fuerte y significativo, capaz de construir un vínculo verdadero y duradero.

Y claro, mientras conocemos el nivel más íntimo de una persona, muchas veces enfrentaremos luchas y momentos difíciles. Ahí surgen las preguntas: ¿esto es normal? ¿el amor exige esfuerzo? ¿el amor cuesta? Y la verdad es que sí, chicas, el amor cuesta: el paso del tiempo, la convivencia, los cambios, los retos y los desacuerdos. Cada relación requiere esfuerzo consciente.

Porque al final, el amor es una decisión diaria. Cada día elegimos amar a esa persona, elegir estar con ella, a pesar de conocer sus lados menos hermosos, sus debilidades, sus errores. Esa elección requiere dar lo mejor de nosotras mismas, resolver problemas, comunicarnos, tener conversaciones incómodas y crecer juntas. Amar no es siempre fácil, pero vale la pena cuando se hace con intención y entrega.

El amor sacrificial en la Biblia, conocido como ágape, es un ejemplo perfecto de esto: un amor incondicional, desinteresado y de entrega total, como Jesús mostró en la cruz. Significa poner las necesidades del otro antes que las propias, tal como se nos recuerda en Juan 13:34-35: “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulas, si tenéis amor los unos por los otros.”

Sí, chicas, el amor cuesta, y mucho. Pero cuando vale la pena, cada esfuerzo se transforma en crecimiento, cercanía y un vínculo que no cualquier mujer tiene el privilegio de experimentar.