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¿Elegimos lo que visualizamos?

¿Elegimos lo que visualizamos?

¿Será que nosotros decidimos lo que queremos ver?

Todos tenemos deseos. Queremos una vida de película, queremos un amor único, queremos una familia, queremos tener experiencias inolvidables y queremos todo lo que visualizamos o imaginamos tener. Tal vez estos deseos no suenen mal y tengan buenas intenciones detrás.

Nos enfocamos en lo que satisface nuestra carne, y aquello que visualizábamos con luz se vuelve oscuro, como si estuviéramos ciegos.

Por eso la Biblia nos enseña así:

Cuando Jesús salía de Jericó, un mendigo ciego llamado Bartimeo estaba sentado al borde del camino. Al oír que Jesús pasaba, comenzó a gritar:

“¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”

Muchos intentaron callarlo, pero él gritaba aún más fuerte. Entonces Jesús se detuvo y dijo: 

“Llámenlo.” 

Le dijeron: “Ánimo, levántate, te llama.”

 Bartimeo se puso de pie de inmediato y fue hacia Él.

Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” 

El ciego respondió: “Rabí, quiero ver.

Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado y sanado” (Marcos 10:46-52).

En la primera parte del pasaje podemos ver que el ciego está pobre y sentado al lado del camino. Esto representa la condición humana y cómo se desvía del camino recto.

¿Cómo se sabe que está apartado del camino recto?

Si uno no está caminando con Jesús ni siguiéndolo, está igual que el ciego: sentado a un lado, sin poder ver.

¿Es una lucha obtener la visión de Jesús?

Sí, lo es. Como podemos ver en los versículos, hasta los propios discípulos le decían al ciego que no gritara. Pero ahí es donde uno pone su confianza en lo que está escrito y clama por la salvación.

Como podemos ver, el Señor Jesús se agrada cuando lo buscamos, tanto así que nos pregunta qué puede hacer por nosotros.

Lo último que vemos es que, cuando tenemos la fe que tuvo el ciego, somos restaurados a tal punto que nuestra visión es restaurada; somos salvos y sanados de cualquier ceguera.

Tenemos que dar nuestro grito y aferrarnos al camino del Señor para poder salir de cualquier condición que nos quiera detener.

Ahora les pregunto: ¿Seguirá sentado en su ceguera o se pondrá de pie para ver?